Al
estudiar el análisis de los procesos
que definen el problema que subyace en la
negativa de cooperar en la Defensa Militar
de la Nación, la falta de identificación
individual y colectiva con los valores Nacionales,
ha sido necesario interrelacionar campos
o disciplinas de una gran diversidad.
La simplicidad intelectual argumentada por
el antropólogo Max Gluckman y el
economista Ely Devons en el tratamiento
interdisciplinar respecto a que las asunciones
rudimentarias, que ignoran o simplifican
en demasía la investigación
base de otras disciplinas, son elementos
esenciales para una apropiada descripción
de problemas mucho más complejos
como el que estamos tratando, es un argumento
no aplicable a este estudio.
No se pueden aceptar
asunciones rudimentarias sobre tratamiento
de datos, teorías, aplicaciones del
Derecho, Sociología, Psicología
Social, Ingeniería Social, etc.,
que son esenciales para el objeto de la
investigación. Para estar en disposición
de evaluar las hipótesis, ha sido
necesario tener en cuenta aspectos de estos
campos con el fin de comprender mejor las
presunciones que se realizan en determinadas
disciplinas.
El estudio puede
llevar a la comprensión del conflicto
global en la Región Militar citada
sobre la base de la teoría intercultural
(socioestructural y psicocultural complementariamente).
Al finalizar el estudio se incide en lo
que Marc Howard Ross denomina disposiciones
psicoculturales sin excluir el otro elemento
explicativo. Se considera que este aspecto
ha sido suficientemente contemplado al aplicar
las herramientas de Diagrama de Afinidad,
Diagrama de Relaciones, Diagrama de Arbol
y Diagrama Matricial.
Deducimos de la
aplicación de las teorías
de Asch y de Moscovici que los grupos de
poder, en su manipulación de los
grupos sociales, persiguen y defienden intereses
que las explicaciones estructurales, organización
de la Sociedad, infieren de la misma. El
análisis nos permite encontrar dos
posibles fuentes de estos intereses para
la comprensión del conflicto, que
debemos analizar con objeto de obtener conclusiones:
1. El primer conjunto
de intereses está relacionado con
la complejidad socioeconómica y política
de la sociedad vasca. La estructura organizativa
del Estado en esta Región determina
una capacidad de autogobierno que define
unos intereses específicos. Estos
intereses específicos no se han forjado
a través de una interacción
o intercambio constructivo: existían
y existen intereses divergentes. Es decir,
la organización del Estado parece
que ha sido concebida como una solución
estructural a un problema, que también
tiene un alto contenido psicocultural en
las Comunidades del País Vasco y
Navarra.
2. La organización
social refuerza a un solo sector dominante,
lo que no da lugar a que estos intereses
sean coincidentes; no se entrecruzan unas
partes con otras.
Desde esta perspectiva es difícil
armonizar los intereses y es por ello por
lo que se presta especial atención
a la posibilidad de intervención
de presuntas terceras partes. Es pública
la voluntad de los nacionalistas vascos
moderados en la asunción de este
papel, aunque, en la realidad, pueden ser
parte interesada en la resolución
del conflicto hacia las tesis de uno de
los contendientes.
Como se deduce de
la aplicación de las teorías
de interacción entre grupos, el conflicto
en sí no es algo que sea deseable
o indeseable: son los costes del conflicto
los que debemos de tener en cuenta. De esta
manera podremos entender como la ausencia
de conflicto en los regímenes autoritarios
tienen también un coste que se materializa
en unos niveles de represión. Al
enjuiciar el conflicto debemos de tener
en cuenta no sólo los objetivos de
los contendientes, sino si hay otras formas
menos costosas de conseguirlos.
Llegados a este
punto se deben definir costes y tipos de
coste. En un problema o conflicto de estas
características y envergadura no
se trata de cuantificar los daños
materiales y humanos que pueda realizar
un determinado grupo sobre los demás,
que pueden ser cuantiosos si tenemos por
principio que la vida humana tiene un valor
inestimable, sino de las consecuencias que
tiene sobre las percepciones y conductas
que pueda adoptar la mayoría. Estamos
hablando del proceso de influencia que desarrollan
esos grupos disidentes, de costes intangibles
de difícil cuantificación,
que se desarrollan a largo plazo y que tienen
como objetivo principal romper el grupo
mayoritario y acercar las fracciones hacia
sus tesis para incorporarlas a su movimiento,
conformándose como el principal motor
de alimentación del conflicto.
Los intereses de
los grupos o de los individuos constituyen
una razón invocada como móvil
de acción para la organización
social, política y económica.
Dos premisas apoyan este punto de vista
en la Región que estamos analizando:
una, es que los intereses están claramente
localizados en la misma y, la otra, es que
gran parte de la acción se puede
explicar según tales intereses.
Sin embargo, la
teoría de los intereses no es capaz
de explicar la conducta humana. El uso efectivo
del interés como mecanismo, exige
investigar qué intereses de grupo
y de individuos se intentan maximizar en
esta Región en vez de asumirse a
priori lo que son.
El conflicto que
estamos tratando es una acción colectiva
que ha emprendido una de las partes al enfrentarse
a intereses divergentes y objetivos incompatibles.
No podemos afirmar que esto se haya traducido
en acciones unilaterales. Aunque el término
conflicto tiene la connotación de
acontecimiento, es muy útil concebirlo
como un proceso que recoge una secuencia
de respuestas o reacciones que mutuamente
experimentan las partes en liza.
El examen del conflicto
nos deja ver diferentes niveles en los que
existe una lucha manifiesta. La negación
de la Defensa Militar Nacional en todas
sus vertientes es una manifestación
más de esta lid en el ámbito
social.
Pero lo importante
es ver que el conflicto ocurre en un asentamiento
cultural específico. Ver el conflicto
como una conducta cultural nos puede ayudar
a explicar por qué las soluciones
estructurales, de organización del
Estado en Autonomías, no ha servido
para encauzar el mismo, sino para enconarlo.
Las interpretaciones que hacemos de las
soluciones estructurales tampoco son convergentes
y sirven para dirigir y orientar procesos
psicoculturales que defienden las tesis
de los grupos contendientes.
La cultura perfila
lo que la gente considera de valor y digno
de luchar por ello; en esto se encuadra
la inversión en determinados bienes,
el status social, los cargos, etc. Las diferencias
culturales pueden dar razón de por
qué la gente, en un determinado marco,
siente que sus intereses están amenazados
por una cierta circunstancia, mientras que
en otro lugar, los individuos enfrentados
a lo que parece ser una circunstancia idéntica,
no creen ni por asomo que sus intereses
estén en peligro. De aquí
la utilización con todo su potencial
de la herramienta Análisis Factorial
con la que compararemos los resultados en
distintas Autonomías.
“El conflicto
está compuesto por una conducta interpretativa
y unas disposiciones psicoculturales. Aunque
los contendientes no tienen dificultad para
citar las bases objetivas del litigio, lo
que de verdad sorprende es el número
de diferentes patrones culturales de respuesta
a la misma supuesta acción provocadora”3.
De esta afirmación, podemos deducir
que las situaciones objetivas por sí
solas no causan el conflicto, las interpretaciones
juegan un papel fundamental.
El impacto de la cultura en el conflicto
aparece, como hemos dicho antes, en varios
niveles. En el ámbito social puede
apreciarse en las diversas normas, prácticas
e instituciones presentes en la sociedad
vasca. En el ámbito individual, la
cultura influye en la elección de
las estrategias y tácticas por parte
de los contendientes.
Aunque todas las
sociedades tienen una cultura del conflicto
que le es propia, el análisis pretende
concentrarse sobre los patrones generales
de las sociedades de las distintas Autonomías
y provincias que configuraban la antigua
RM. PIROCC. Las peculiaridades de cada uno
de esos patrones nos dirán como la
cultura afecta al conflicto y nos mostrarán
como el conflicto es instrumentalmente visto
como una conducta cultural que refleja lo
que las personas valoran, los conceptos
que esta gente tiene de los amigos, de los
enemigos, y los medios de los que se valen
los grupos y los individuos para conseguir
sus propósitos. De esta manera podremos
entender mejor por qué motivo las
Fuerzas Armadas (FA,s.) no son valoradas
en esta Región. Para ello utilizaremos,
también, el Análisis Factorial.
Si queremos entender
los resultados de una posible manipulación
del conflicto, es imprescindible que seamos
capaces de reconocer la importancia tanto
de las disposiciones psicoculturales, como
de los intereses que subyacen en la estructura
social. Dado que tanto la teoría
psicocultural como la estructural explican
de forma diferente el conflicto, implícitamente
recomendarán estrategias distintas.
El argumento que
se defiende en este estudio, apoyado en
la teoría intercultural de Marc Howard
Ross, es que la cultura del conflicto desarrollada
en esta Región posee patrones típicos
de escalada, de redefinición de nuevos
bandos, que tiene componentes tanto estructurales
como psicoculturales. Redefinición
que tiene su expresión, entre otras,
en la negación individual y colectiva
de la Defensa Nacional que es una característica
intrínseca al sentimiento de pertenencia
a un grupo o colectividad. De esta manera
podemos ver que la negación de la
Defensa Nacional militar en todas sus vertientes
es una consecuencia de una divergencia de
intereses, por un lado, y de percepciones
o interpretaciones por otro. Lógicamente,
cada uno de esos dos factores o grupo de
ellos tendrá su peso y, por tanto,
las estrategias que se habrán de
aplicar en la resolución del conflicto
tendrán éxito en la medida
en que se preste atención a ambos.
De hecho, la intensidad de los factores
psicoculturales es tan grande que, hasta
que no sean dirigidos en la consecución
de interpretaciones que, al menos, no sean
antagónicas, no podrán salvarse
las diferencias de índole estructural
que separan a los adversarios.
El motivo de preocupación
no debe ser los Ejércitos o las Fuerzas
Armadas desde el punto de vista profesional.
Éstas son, técnicamente hablando
y en tiempos de paz, un lugar donde se experimentan
tácticas y estrategias a desarrollar
en periodos de conflicto. Los Ejércitos
de paz no están destinados a hacer
la guerra. Son los Ejércitos “movilizados”
los que la hacen.
Sin embargo, los
Ejércitos han sido, desde la creación
de los Estados Nacionales, una herramienta
social de integración, un pilar de
la Nación. Son una herramienta sociotécnica
que va más allá de la superficial
concepción de entender a los mismos
como una gran masa de hombres dirigiéndose
hacia un enemigo en un campo de batalla.
Con la supresión del Servicio Militar
obligatorio desaparece uno de los factores
que incide directamente sobre la identificación
Nacional, y un mecanismo de control, muy
importante, de los procesos que se están
desarrollando en determinadas Comunidades
Autónomas.
Samuel P. Huntington
cita a un demagogo nacionalista veneciano
que aparece en una novela de Michel Dibdin,
“Dead Lagoon”, que expresaba
lo siguiente: “No puede haber verdaderos
amigos sin verdaderos enemigos. A menos
que odiemos lo que no somos, no podemos
amar lo que somos. Éstas son las
viejas verdades que vamos descubriendo de
nuevo dolorosamente tras más de un
siglo de hipocresía sentimental.
¡Quiénes las niegan, niegan
a su familia, su herencia, su cultura, su
patrimonio y a sí mismos!. No se
les perdonará fácilmente.”
Para pueblos que buscan su identidad y reinventan
la etnicidad, dice Huntington, los enemigos
son esenciales. La funesta verdad de estas
palabras describe en toda su profundidad
la gravedad del conflicto que estamos analizando. |