Clases de Tropa: Imposibilidad de fundar una familia.

Si bien el término “pobreza” tiene muchos significados y abarca una infinidad de situaciones, es aceptable definirlo como “la situación de aquellos hogares que no logran reunir, en forma relativamente estable, los recursos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de sus miembros (…)” (CEPAL / DGEC, 1988a). A ello puede agregarse que “la pobreza (…) es un síndrome situacional en el que se asocian el infraconsumo, la desnutrición, las precarias condiciones de vivienda, los bajos niveles educacionales, las malas condiciones sanitarias, una inserción inestable en el aparato productivo o dentro de los estratos primitivos del mismo, actitudes de desaliento y anomía, poca participación en los mecanismos de integración social, y quizás la adscripción a una escala particular de valores, diferenciada en alguna manera de la del resto de la sociedad” (Altimir, 1979). Estas definiciones son compatibles con al menos dos mecanismos para determinar cuáles hogares son pobres, proceso conocido como de “identificación” de los pobres. Una primera posibilidad es evaluar directamente si los hogares han logrado satisfacer sus necesidades básicas, encuestándolos sobre los bienes y servicios de que disponen. La segunda alternativa consiste en medir los recursos del hogar, usualmente sus ingresos o sus gastos, y estimar si estos son suficientes para que el hogar pueda gozar de un nivel de vida aceptable, de acuerdo con los estándares sociales prevalecientes (Feres y Mancero, 1999).

¿Cuántas necesidades de las personas pueden o deberían satisfacerse? El tamaño de los hogares varía entre un trabajador y otro, y también a lo largo de la vida de cada trabajador. En efecto, durante la vida útil de una persona, es normal que la familia de un asalariado comprenda tanto personas adultas como personas a cargo. Al respecto, ¿cuántas son las personas a cargo? ¿Cuántas necesidades de las personas deberían satisfacerse? Teniendo en cuenta la multiplicidad potencial de situaciones, ¿cuál es el mejor enfoque para estimar el tamaño de un hogar? A continuación, se presentan tres opciones posibles:
‐ adoptar el tamaño medio nacional (3 miembros según el estudio del BBVA, “La evolución de la familia en España”, 2001)
‐ considerar que un hogar formado por dos adultos y dos menores de edad es una estructura que garantiza la reposición de la población
‐ adoptar el tamaño medio de los hogares con menores ingresos, teniendo en cuenta que el salario mínimo se destina por lo general a proteger a estos grupos, y que los hogares más pobres tienden a tener más miembros.
Independientemente de la opción que se elija, el tamaño del hogar también debería ajustarse ponderándolo en función de las menores necesidades de consumo de los niños y de las economías de escala. En efecto, la línea de pobreza para una familia de cuatro personas no es equivalente a cuatro veces la línea de pobreza para una persona, ya que, por ejemplo, los niños consumen menos calorías y se necesita sólo una vivienda (y no cuatro viviendas, una por cada miembro de la familia de cuatro personas). Hay diferentes maneras de tener cuenta las diferencias en el consumo y las economías de escala. Un ejemplo de fórmula de ajuste es: E = (A + α 〖K)〗θ , en que A representa el número de adultos, K es el número de hijos a cargo, α representa el gasto de un niño en relación al gasto de un adulto, y θ representa las economías de escala en un hogar determinado. Otra opción consiste en utilizar la escala de equivalencia de la OCDE, que asigna un valor de 1 al primer miembro de la familia, un valor de 0,7 a cada adulto adicional y un valor de 0,5 a cada niño.
Para el año 2019 el Consejo de Ministros a través del Real Decreto 1462/2018 de 21 de Diciembre de 2018 ha fijado el Salario Mínimo Interprofesional en los siguientes valores:
• Salario Mínimo diario: 30,00€
• Salario Mínimo mensual: 900,00€
• Salario Mínimo anual: 12.600,00€ (14 pagas)
• SMI Empleados de Hogar: 7,04€ por hora
• SMI eventuales y temporeros: 42,62€ diarios
A día de hoy, las Clases de Tropa de nuevo ingreso y hasta los contratos de larga duración inclusive, tienen un sueldo entre 900 y 1000 euros líquidos, incluyendo todos los complementos.
Por otra parte, el 35% de los jóvenes de entre 25 y 34 años que viven en España no ha logrado terminar el Bachillerato ni su FP equivalente, porcentajes que se elevan en el personal de los Ejércitos hasta cifras insoportables para su posterior cualificación. El porcentaje es uno de los más elevados de la OCDE y dobla la media (el 16%) de los países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
El nivel de estudios alcanzado es determinante a la hora de encontrar empleo de calidad y salarios más altos. Según la última Encuesta de Población Activa, la tasa de paro entre los universitarios es de un 11,6%, frente a la media del 20%. A medida que la formación disminuye, aumenta el paro. Así, más de una cuarta parte de quienes no acabaron la Educación Secundaria Obligatoria están desempleados.
La formación es clave para lograr un hueco en el mercado laboral. La tasa de paro varía mucho según el nivel de estudios alcanzado. En el caso de los considerados analfabetos, el 43,07% está desempleado, un porcentaje que se va reduciendo a medida que se amplía la formación. Siguiendo este parámetro, el 38,15% de aquellas personas con estudios incompletos se encuentra desocupada. La tasa continúa cayendo en aquellos con educación primaria (33,15%) y se reduce al 26,7% para aquellos con la primera etapa de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
En los activos que completan el segundo ciclo de la ESO el desempleo es algo mayor entre aquellos con orientación profesional (21,06%), que incluye la formación profesional de grado medio, frente a aquellos con orientación general (19,10%). Pero en la cumbre formativa, entre los universitarios, solo el 11,6% engrosan las filas del paro, frente a una media nacional del 20%.
De la aparente contradicción que se produce al haber más paro entre las personas con formación profesional de grado medio que sin ella, se deduce que no necesariamente “a más formación, menor paro”. También hay que acertar con el enfoque de los estudios escogidos, ya que al especializarse también se pierden oportunidades laborales.
Y aquí es cuando la cosa entronca con los famosos ninis, que tanto empañan las estadísticas que hablan de recuperación económica en España. Es verdad que ya no somos el país con mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, como ocurría hace un par de años, pero la tasa durante 2016 fue del 23%, si tenemos en cuenta a los jóvenes de entre 18 y 24 años, y del 21,7%, si ampliamos el grupo a los de entre 15 y 29 años. Son todavía unas cifras muy altas, superiores a las de hace una década. Nos encontramos a la altura de México (21,8%) y superados por Grecia (23,5%), Italia (26%) y Turquía (28,2%).
El mayor porcentaje de paro se concentra en los menores de 34 años, y a partir de esa edad se mantiene entre el 15% y el 18%. Esta diferencia también se refleja en el salario anual de los trabajadores de 20 a 24 años (11.835 euros) inferior al de los trabajadores de entre 55 y 59 años (27.360,02).
Así pues, la posibilidad de encontrar pareja con trabajo que aporte otro sueldo antes de los 35 años de edad, edad media de las Clases de Tropa, es prácticamente imposible; por lo que una familia de tres miembros, media de las familias españolas, tendría que sobrevivir con 900-1000 euros al mes.
Aplicando la fórmula de la OCDE, debemos contar con un coeficiente de 2,2 salarios mínimos, 1+0,7+0,5, para mantener esa familia de tres miembros. Es decir, 1900 euros; muy lejos de las retribuciones mensuales que va a cobrar un soldado al mes en toda su vida militar como Clase de Tropa para mantener esa unidad familiar.
Necesidades humanas básicas
Se ha creído tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; que varían de una cultura a otra, y que son diferentes en cada período histórico. Pero tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual, que consiste en confundir las necesidades con los satisfactores de esas necesidades.

Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Además las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, son la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.
Las necesidades fundamentales son: subsistencia (salud, alimentación, etc.), protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda, etc.), afecto (familia, amistades, privacidad, etc.) entendimiento (educación, comunicación, etc.), participación (derechos, responsabilidades, trabajo, etc.), ocio (juegos, espectáculos) creación (habilidades, destrezas), identidad (grupos de referencia, sexualidad, valores), libertad (igualdad de derechos).
Concebir las necesidades tan sólo como carencia implica restringir su espectro a lo puramente fisiológico, que es precisamente el ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza y claridad la sensación de “falta de algo”. Sin embargo, en la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto.
Integrar la realización armónica de las necesidades humanas en el proceso de desarrollo, significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos; dando origen así a un desarrollo sano, auto-dependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social, el crecimiento de las personas y la protección del ambiente.
Las necesidades humanas básicas referidas, deben constituirse en derechos inalienables del ser humano, ya que su posesión y práctica hacen a la dignidad del individuo y las comunidades, comunidad militar que se encuentra a niveles de pobreza..
Enrique Area Sacristán.
Teniente Coronel de Infantería.
Doctor por la Universidad de Salamanca

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