“Se ha quedado a la luna de Valencia”

Es muy común referirse a aquellos que se han quedado rezagados y/o despistados de algún cometido que debían hacer con la expresión “se ha quedado a la luna de Valencia” o “está a la luna de Valencia”, pudiéndonos también encontrar que se dice  “se ha quedado en la luna de Valencia”(sustituyendo ‘a’ por ‘en’).

Según la Real Academia Española, dicha locución se refiere al estado en el que se queda alguien cuando se ven frustradas las esperanzas de lo que deseaba o pretendía. Sin embargo, navegando por la red es relativamente sencillo comprobar que esta expresión también se utiliza para aquellos que se quedan rezagados o despistados en un momento determinado.

Pero si existen un par de teorías sobre su uso, la cosa se complica  cuando rastreamos su origen. Encontramos diversas explicaciones, pero la más aceptada popularmente se remonta al pasado amurallado de la ciudad.

Hay quien va más allá y añade a esta historia el hecho de que frente a los muros de la población existía un banco con forma de media luna o herradura donde los rezagados se veían obligados a dormir o, al menos, a intentarlo.

El origen de la misma, y que más fuentes otorgan como cierta, es la que se refiere a las antiguas murallas que rodeaban la ciudad de Valencia. Éstas tenían unas puertas por las que acceder al interior y que eran cerradas por la noche tras el toque de queda. Aquellos rezagados que llegaban tras el cierre no podían pasar al interior y por lo tanto no tenían posibilidad de ir a dormir a sus casas, por lo que debían pasar el resto de la noche al raso, a la luna de Valencia.

Pero hay otras fuentes que nos ofrecen otros orígenes al dicho. Entre ellos el que da el periodista y escritor  Vicente Vidal Corella (1905-1992) en el libro “La Valencia de otros tiempos” en el que, aparte de la versión explicada más arriba, también relata que algunos cronistas atribuyen el origen al momento de la expulsión de los moriscos de la ciudad y la acumulación de éstos en las playas de Valencia, ya que debían de ser trasladados en barcos hasta las costas de Argelia, Marruecos y Túnez, pero debido a la gran cantidad que eran no cupieron todos en las naves, prometiéndoles que regresarían a recogerlos, por lo que muchos quedaron esperando varias noches a la luna de Valencia.

Hay quién atribuye el uso de la expresión a aquellos barcos que arribaban a las costas valencianas y debido a la mala marea no podían acercarse para atracar, motivo por el que sus pasajeros permanecían a bordo, a la luna de Valencia, esperándo poder desembarcar.

Sin embargo, José María Iribarren, autor del libro “El porqué de los dichos” cree que la expresión es simplemente una prolongación del dicho “dejar a la luna”, que tradicionalmente ha significado “dejar en blanco”. De este modo, sus connotaciones podrían haberse trasladado a aquellos que se quedan sin lo que pretendían o esperaban.

Torres de Serranos de la muralla de Valencia en 1891.(www.fotografiavalencia.com)

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca.

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