Ilustrísimo y Excelentísimos “individuos”. ¡¡¡Compañerismo¡¡¡: ¿A qué Ejercito pertenecéis?

Como «vínculo que existe entre compañeros, y armonía y buena correspondencia entre ellos», define el DRAE al compañerismo, señalando que compañero es la «persona que acompaña a otro para algún fin». También dice que se entiende por compañero «en los cuerpos o comunidades cada uno de sus miembros». De estas dos sencillas definiciones quiero destacar, por su originalidad, y por qué no se dan o exigen en la mayoría de los otros valores o virtudes, los matices de correspondencia y finalidad común de quienes la practican. No es virtud que pueda ejercitar el individuo en solitario. Se puede ser valiente, honrado, disciplinado y hasta leal y abnegado sin que exista reciprocidad de otro u otros miembros del grupo o comunidad, pero nunca se puede ser compañero «a solas» y por lo tanto sentir el compañerismo, si no se da la necesaria correspondencia de otro u otros individuos, que, formando cuerpo o comunidad, tiendan a un fin común, creando con su mutuo proceder y relación un vínculo, que a su vez aumenta la cohesión del grupo. Es sin duda alguna una de las principales virtudes de los grupos y comunidades y por ello tan necesaria, practicada y desarrollada en las Fuerzas Armadas.

El DRAE recoge en parte lo anteriormente señalado y lo define como: «Sentimiento que germina en un grupo de individuos ligados, por vínculos espirituales y materiales, a una empresa común, que exige de ellos esfuerzos de igual índole y que lleva a cada uno a sentirse unido a los demás y a la consecución del fin a que todos dedican sus energías. Refiriéndose al compañerismo militar, añade es unión, amparo, espíritu de sacrificio en aras del bien de los demás, cualquiera que sea el uniforme que se vista y los emblemas o divisas que ostenten… será siempre más íntimo entre los pertenecientes a un mismo , dentro de éste en los de igual Arma, dentro de ella en los del mismo Cuerpo…» Apuntado claramente a una de sus consecuencias o derivadas, lo que se denomina espíritu de Arma o Cuerpo que en definitiva no es más que la manifestación externa de los especiales vínculos de unión de quienes pertenecen a una determinada Arma o forman un mismo Cuerpo.

Varios son los artículos que las RROQ dedican a glosar directa o indirectamente el compañerismo en las Fuerzas Armadas y sus consecuencias. Así, el número 13 comienza señalando que:

«La unidad de las Fuerzas Armadas es el fruto de la armonía que ha de existir entre los miembros de los Ejércitos, para finalizar afirmando que el espíritu militar, la lealtad y el compañerismo son pilares donde se asienta la voluntad de asumir solidariamente la responsabilidad de la defensa.»

 Como vemos, todo ello muy en la línea de la definición o concepto expresado en el DRAE. Puede ser este momento oportuno, pues la anterior cita lo sugiere, para hacer una breve mención sobre la diferencia entre lealtad y compañerismo. Ambas tienen un origen común, la armonía, solidaridad, cortesía, cordialidad y buena convivencia entre los miembros de un grupo, pero la lealtad va mucho más lejos por la componente de fidelidad y respeto de estos entre sí y en relación con la finalidad del grupo. Algo más adelante vuelven nuevamente a mezclarse ambos conceptos, insinuando más que afirmando la superioridad de la lealtad respecto del compañerismo cuando dice que:

«Todo militar será respetuoso y leal con sus jefes; profesará un noble compañerismo, sólo supeditado al bien del servicio… »

Como no podía ser menos dedica uno de sus artículos, al compañerismo en combate instando a que:

«El combatiente, solo o como miembro de una unidad o tripulación, pondrá el mayor esfuerzo en conseguir el objetivo asignado. Se apoyará en sus compañeros y los auxiliará en el cumplimiento de su misión.»

El Decálogo del Cadete con el laconismo que le caracteriza, sentencia con respecto al compañerismo:

«Sentir un noble compañerismo, sacrificándose por el camarada y alegrándose de sus éxitos, premios y progresos.»

Como vemos añade un nuevo ingrediente al concepto tradicional de compañerismo al hacerse partícipes, de corazón, de las alegrías del camarada, lo cual no siempre será fácil pues a veces esos éxitos, premios o progresos a lo mejor son consecuencia de fracasos o tropiezos propios.

El Ideario Paracaidista dedica una de sus «promesas», la número 6, a exaltar:

«El espíritu de compañerismo para lo cual exige ayudar al débil y continúa, me alegraré de los éxitos de mis compañeros y nunca envidiaré a nadie. Procuraré superarlos por mis propios medios.»

Como vemos ambos tienen mucho en común lo que por otra parte es lógico ya que los dos se basan en artículos de las anteriores Ordenanzas, mereciendo la pena destacar el matiz de ayudar al débil que se incluye en el Ideario paracaidista como la forma de encauzar con nobleza y mediante el esfuerzo personal, las ansias y deseos de superación y progreso que todo militar debe tener. También el Credo Legionario procura inculcar en sus hombres este sentimiento, recogiendo en tres de sus puntos lo que denomina: «El espíritu de compañerismo, el espíritu de amistad y el espíritu de unión y socorro» . En el primero de ellos, proclama el sagrado juramento de no abandonar jamás un hombre en el campo hasta perecer todos. Lo que proporciona una extraordinaria seguridad y confianza en el combatiente de que se emplearán todos los medios posibles para ayudar y rescatar a quien lo precise con el consiguiente aumento de la eficacia de la unidad. Por el segundo se pretende dar un paso más en la camaradería de sus miembros proponiendo alcancen el grado de amigos mediante un «juramento entre cada dos hombres». En el tercero, que podríamos considerar colofón de los anteriores, se enseña que:

«A la voz a mí la Legión, sea donde sea, acudirán todos y con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.»

Estos dos puntos últimos puntos del Credo Legionario plantean sendos temas, —la amistad y el compañerismo a ultranza— que quizás sea conveniente, por lo menos, esbozar, aunque sólo sea superficialmente. Por amistad entendemos ese sentimiento o afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se acrecienta con el trato. Por lo tanto, no hay que confundirla con el compañerismo, pues, aunque en muchas ocasiones sea fruto y complemento de éste, no tiene ni puede seguirse necesariamente la una del otro. La amistad como hemos dicho precisa del trato personal, no pudiéndose dar sin esta circunstancia. Se puede uno sentir compañero de un desconocido, mientras que jamás se podrá ser amigo de quien no se conoce. A nosotros aquí nos interesa más el compañerismo que la amistad por cuanto que aquél es un sentimiento más general y exigible a todos los componentes de las Fuerzas Armadas. La otra cuestión que suscita y puede dar lugar a algún equívoco es la expresión «con razón o sin ella, defenderán…». Hay que saber interpretar correctamente esta frase pues de lo contrario podríamos caer en lo que se conoce como compañerismo mal entendido.

Por supuesto al compañero, de momento, hay que ayudarle siempre, entre otras razones por que es posible que de primeras no se pueda saber si tiene o no la razón, para a continuación si no la tiene proceder en justicia ya que ésta nunca debe ser violentada y menos al amparo de un falso o mal entendido compañerismo, no debiendo éste nunca ser escudo con el que se pueda ocultar o cubrir innobles procederes pues en ese caso el primero y más gravemente perjudicado es el grupo o comunidad que lo permite. Tampoco debe ser el compañerismo amparo de reivindicaciones no ajustadas a razón con las que se pretenda forzar o ejercer violencia sobre el mando.

Fruto importante del compañerismo es lo que llamamos espíritu de Arma o Cuerpo o simplemente espíritu de unidad: «Brota espontáneo entre quienes comparten unidad de vida, igual servicio, las mismas fatigas y alegrías, ocupan igual puesto ante el enemigo y superándose en el riesgo aumentan el potencial de eficacia de su unidad… Su núcleo central es la emulación…, dice el general Montero Romero… superadora de egoísmos, de reservas mentales y por supuesto, de todo desde lejos huela a resentimiento…»

El coronel Arencibia Torres, autor de varios libros y artículos sobre temas de mando, moral y virtudes morales dice en una de sus obras: «El compañerismo bien entendido es uno de los valores morales más apreciados en la vida militar. La unión, la agradable convivencia, la mutua compenetración y la tolerancia recíproca son características de lo que en el seno de las Fuerzas Armadas entendemos por compañerismo. Para continuar algo más adelante refiriéndose a que el compañerismo probablemente sea virtud más fácil de vivir en la guerra que en la paz, añade: en el combate se llega hasta las últimas consecuencias por los demás. El compartir frecuentemente los riesgos y las fatigas une extraordinariamente. La causa común por la que se lucha arrastra a una natural solidaridad con el compañero.

¿Os habéis enterado que lo vuestro es otra cosa completamente despreciable y contraria al compañerismo?

Basado en monográfico por FRANCISCO. J. BERRIO ÁLVAREZ-SANTULLA

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca

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