Androginia, ¿posible o deseable?

Las personas andróginas pueden ajustarse confortablemente tanto a comportamientos masculinos como femeninos, dado que ambos sexos tienen una personalidad y un comportamiento bastante semejantes. La agresividad, la independencia, la confianza en sí mismo y la ambición en una carrera serían igualmente compartidas por hombres y mujeres, al mismo tiempo que características tradicionalmente “femeninas” como la dependencia de otros, la sensibilidad y la sumisión a otros también serían igualmente compartidas por hombres y mujeres. ¿Es esta una esperanza realista?

Es discutible si alguna vez ha habido una sociedad humana andrógina y muchos intentos por establecer disposiciones andróginas han fracasado. Algunos estudiosos creen que el dominio masculino tiene su raíz en diferencias hormonales entre los sexos y es, por consiguiente, inevitable. Otros sostienen que el dominio masculino puede ser universal por medio de las sociedades humanas, pero no inevitable. Otros más cuestionan la universalidad del dominio masculino. Hacen notar que el predominio masculino no se encuentra ciertamente en muchas especies no humanas. En muchas sociedades humanas los hombres dominan algunas actividades y decisiones, en tanto que las mujeres dominan otras, aunque unas cuantas sociedades se acercan bastante al sexo único. El antropólogo Marvin Harris afirma que “la supremacía masculina se está acabando. Sólo fue una fase de la evolución de la cultura”. Es evidente que no puede darse una respuesta final, a menos que alguna sociedad tenga éxito en alcanzar roles sexuales andróginos y los mantenga durante varias generaciones, cuestión que nosotros no veremos por cuestiones de edad.

Hay que decir que las investigaciones disponibles muestran claramente que las tradicionales personalidades “masculina” y “femenina” no están relacionadas con la salud mental, el funcionamiento eficaz o la felicidad personal, y que la superioridad de la personalidad andrógina tampoco se ha establecido científicamente como una verdad.

En un estudio tri-generacional de más de 200 familias, Troll no encontró ninguna relación entre la felicidad de las mujeres y su nivel de logros o ingreso en roles laborales no tradicionales, sino que halló que “las mujeres felices parecen permanecer felices ya sea que estén compitiendo en lugares de trabajo tradicionalmente masculinos o continuando en el rol más tradicional de ama de casa”. Otro estudió que revisó cinco encuestas del National Research Center durante la década de los 1980, concluyó que “las mujeres con actitudes tradicionales respecto de los roles sexuales están de hecho más satisfechas con su vida que las mujeres con actitudes no tradicionales. Una investigación sobre los niveles de felicidad de mujeres casadas que trabajan y mujeres que no trabajan proporciona datos muy diversos, y no contamos aún con pruebas suficientes para decir si los roles laborales no tradicionales y los roles por género cambiados, en los que las mujeres están tomando parte hoy en día, incrementarán la suma total de su satisfacción con la vida.

Algunas estudiosas afirman que los esposos, las esposas y los hijos, ganarían todos con la incorporación igual de los padres en las tareas domésticas, el cuidado de los niños, y en actividades comunitarias. Muchos libros semipopulares, casi todos escritos por hombres, que prosiguen con el tema de la “liberación masculina” dicen que la sexual aliviaría a los hombres de muchas presiones y les acarrearía mayores satisfacciones emocionales, un verdadero sentido de participación gozosa, mayor intimidad, una nueva capacidad para sentir y preocuparse, una relación más intima con los hijos, una más amplia flexibilidad ocupacional. Sin embargo, hay otros hombres que temen que la de derechos destruiría la civilización.

Los roles de los géneros pueden ser cualquier cosa que acordemos hacer de ellos, sin destruir necesariamente la civilización. No puede predecirse con ninguna certeza si los roles andróginos traerán una mayor realización. Lo que es cierto es que la igualdad y la androginia sólo serán promesas huecas sin una participación igual en el cuidado de la casa y de los niños. Sin esto, la igualdad para las mujeres puede ser más una “explotación” que “liberación”.

Es interesante hacer notar que, hace un siglo, la meta de los reformadores, de los socialistas y de los “utopistas” era “liberar” a las mujeres casadas del trabajo fuera de casa, de modo que pudieran disponer de tiempo completo para la casa y los niños. Así, la reforma de un siglo puede convertirse en la “opresión” del siguiente. De aquí a un siglo ¿se recordará el presente como un mojón en el camino hacía el progreso o como un experimento equivocado? Nadie puede asegurarlo, pero soy de la opinión de que la tendencia debe ser que para conseguir la igualdad a igual puesto de trabajo iguales condicionantes y pruebas para unos y para otros; y ahí la mujer, le guste o no le guste, en el operativo tiene poco que hacer; otras funciones, otros puestos en el mismo pueden darles las satisfacciones de servir a la Patria.

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca

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