¡¡¡Ojo a la convivencia confinada¡¡¡: el estatus de la familia ha cambiado.

En unos momentos terribles para la convivencia familiar en los que el confinamiento hace que las parejas tengan que convivir las veinticuatro horas “pegadas” en pequeños espacios, puede llevar a roces con el paso de los días de encierro si no se atiende a la organización y reparto de las tareas hogareñas y de supervivencia. El respeto a los roles de cada uno de los cónyuges en la familia ha de ser respetado por todos los miembros de la misma para que no se produzca una crisis de pareja que puede hacer insostenible la armonía.

Es el momento de que la familia se una como un todo y se respeten los espacios individuales entre cuatro paredes. Quizás este sea el momento en que quede demostrada, más que nunca, la viabilidad del modelo moderno de familia en la que la mujer y el hombre han cambiado de rol.

Aproximadamente en una de cada cinco familias en occidente con dos o más hijos en la casa, por lo menos uno de éstos es de una relación anterior. Esta nueva familia extendida es el confuso embrollo de relaciones creadas por el divorcio o la separación legal y un nuevo matrimonio o relación de pareja. Supongamos que Enrique y Macarena se divorciaron y que Enrique se quedó con sus hijos, Gonzalo y Federico, mientras que Macarena se quedó con Marta y Kiko. Enrique se casó con Carolina, quien lleva consigo a sus hijas Pachu y Pichu, en tanto que su ex marido Daniel, quien tiene la custodia de sus hijos Javier y Eduardo, se casa con Gloria, quien, a su vez tiene la custodia de sus dos hijos, Álvaro y Juan. Macarena, por su parte, se casa con Julio, quien se quedó con sus dos hijos, Alberto y José, cuando se divorció de Casilda, la que se quedó con sus hijas Lola y Blanca. Así, Gonzalo y Federico están confinados con sus padre y madrastra, junto con sus hermanastras Pachu y Pichu que eran visitados periódicamente por Marta y Kiko, en tanto que éstos visitaban periódicamente a su madre Macarena y a sus hermanos Gonzalo y Federico, donde también ven a Julio y a sus hermanos, y posiblemente a sus hijos Alberto y Jose. Si todos los miembros de la familia viven todavía, cada niño tiene ahora ocho abuelos, cuatro padres y ocho hermanos y hermanas, más algunos nuevos medio hermanos y media hermanas que han podido llegar de los nuevos matrimonios o parejas.

Un rol institucionalizado, como el de padre o el de abuelo, conlleva una guía reconocida para el comportamiento. Si los abuelos están repartidos, algunos, por alguna nueva familia extendida de los nuevos matrimonios, escuso decir las dificultades que se van a encontrar las parejas padres, madres, padrastros y madrastras en superar esta situación de confinamiento sobrevenido no habiendo roles institucionalizados.

En “Sociología” de Horton y Hunt, inspirado en el artículo de Michael Norman, “La nueva familia extendida”.

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca.

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