Sobre la misión de las Fuerzas Armadas.

Todo soldado necesita una misión clara para actuar con eficacia. Por ello, en nuestra opinión, es imprescindible definir por ley la misión de las FAS, así como la misión diferenciada de cada uno de los ejércitos.
Somos conscientes de que ambas presentan graves dificultades para su definición. La de las FAS al tener un carácter que afecta al ámbito político, no hay un consenso entre todas las fuerzas políticas sobre el papel de las mismas. En estas condiciones, cualquier intento por definir la misión por parte del gobierno de turno, tiene el grave riesgo de ser modificada por el siguiente.
La definición de la misión para cada uno de los ejércitos es un problema interno de las FAS y para el cual no se atisba una posible solución ni a corto ni a medio plazo. Básicamente, las dificultades se centran en que no hay acuerdo entre los tres ejércitos sobre el papel de cada uno, el mando y control de algunos medios, los modos de actuación, las áreas de responsabilidad, etc. Todos estos conceptos, que están indefinidos, en caso de conflicto armado supondrían una lacra para las operaciones que podría llegar a ser insuperable.
Hoy en día, por mucho que algunos se empeñen en mantener viva en los planes estratégicos y de actuación la amenaza particular de España (la del norte de África) es, en la práctica, casi inexistente. En el mundo actual, nadie va a consentir que España, de forma aislada, entre en conflicto con algún vecino del sur, porque pararían cualquier intento antes de llegar al uso de las armas. Todo el territorio nacional está bajo el Artículo 5 del Tratado de Washington (OTAN), lo que quiere decir que cualquier ataque contra una parte del territorio sería considerado como un ataque a la OTAN y ésta entra en el conflicto de forma automática.
Para las amenazas compartidas con nuestros aliados y las de carácter global, la participación de España está contemplada siempre como integrante de la coalición internacional que se forme y se basaría en ser una base de despliegue de unidades aliadas y/o participando como un componente más de esas fuerzas. En todos los casos, nuestras fuerzas se integrarían en las correspondientes estructuras aliadas, de manera que las fuerzas terrestres lo harían en el Mando Componente Terrestre, las navales en el Mando Componente Naval, y las aéreas en el Mando Componente Aéreo. Todas ellas actuarían bajo el control y dirección de su Mando correspondiente, que en su caso se encargará de coordinar sus acciones con los otros Mandos Componentes, a través del Mando Supremo Conjunto.
Por todo ello, hay que insistir una vez más, que la actuación interna de las FAS españolas debe estar basada en la estructura de Mandos Componentes y no en la de “Acción Conjunta”, que no es practicable, es inoperante y que, en realidad, solo pretende ocultar problemas que están sin resolver.

Fuerzas Armadas (España) - Wikipedia, la enciclopedia libre


A la hora de definir la misión, uno de los primeros puntos es fijar las amenazas previstas y, como consecuencia de ellas, establecer la posible actuación de los ejércitos, derivada de la zona de interés geoestratégica y de los compromisos internacionales. Una vez determinada esta actuación, el siguiente paso es procurarse los medios que aseguren la consecución de los objetivos militares que se deriven de aquellos otros fijados por la política nacional. Pues este planteamiento que parece tan elemental, y al mismo tiempo tan racional, no es el que a menudo se sigue, y el resultado es que se construye una fuerza que nada tiene que ver con las necesidades reales.
Un aspecto importante que hay que tener en consideración es que las Fuerzas Armadas españolas, y la práctica totalidad de las Fuerzas Armadas de los países occidentales, no están dimensionadas ni preparadas para llevar a cabo una guerra de carácter general, tanto en el propio país como en ningún otro. Tampoco sus sociedades lo están. La forma de vida actual y las sensibilidades que imperan en las mismas hacen que los ciudadanos vivan absolutamente ajenos al fenómeno de la guerra y se rechaza incluso la idea de que pueda ser posible. Lo que ven en las noticias al referirse a los conflictos en el mundo, siempre se considera que eso queda para los demás. La simple idea de que podría generarse una situación en la que nuestras sociedades se vieran directamente involucradas en un conflicto y que eso podría suponer que diariamente podrían morir cientos o miles de personas, se rechaza porque se considera inverosímil.
Efectivamente, las Fuerzas Armadas no están dimensionadas para un conflicto generalizado. Lo están para intervenir en operaciones concretas y limitadas, tanto en el tiempo como en la acción, fuera de las fronteras propias y siempre como parte integrante de una fuerza aliada. Pero, por otro lado, tampoco se las puede dimensionar para un conflicto generalizado porque su coste sería inaceptable. Esto supone una verdadera encrucijada y una realidad que hay que asumir. La consecuencia inmediata es que la actuación de las Fuerzas Armadas va a ser siempre como componentes de una coalición internacional, lo cual implica una estandarización de las mismas, en todos sus aspectos, con los países aliados, es decir, de la Unión Europea y de la OTAN. Esta estandarización no se puede limitar solo al material y a algunos aspectos genéricos, como puede ocurrir con las exigencias de la OTAN, sino que debe ir mucho más allá y desembocar en la necesaria unión militar de todos los países de la Unión Europea. No hace falta decir que esto último se presenta muy difícil porque la unión política no avanza y si lo hace, es a un paso desesperantemente lento.

LA IMPORTANCIA CRECIENTE DE LAS FUERZAS DE OPERACIONES ESPECIALES ...


Ante un conflicto generalizado, la situación sería extraordinariamente mala, porque las Fuerzas Armadas de cada país deberían atender a sus necesidades de defensa propias y tal vez participar, al mismo tiempo, en acciones con los aliados. Pero ¿quién va a decidir qué medios dedicar a unas y a otras, cuando no existe previamente esa unión política y, por tanto, militar? En esta situación, lo normal será que cada país atienda a sus propias necesidades de defensa. Como se ha dicho antes, y es la realidad, las Fuerzas Armadas de todos los países, y en especial las españolas, no están dimensionadas ni preparadas para un conflicto de carácter general y prolongado. Dadas estas circunstancias, la situación, como puede apreciarse, es grave.
A todo lo anterior hay que añadir que hasta hace unas décadas siempre se contaba, a nivel mundial, que en caso de necesidad, los gobiernos podían hacer un “llamamiento a filas”, con el que rápidamente ponían al servicio de las armas a un gran número de ciudadanos para atender las necesidades militares. Era la famosa “levée en masse”, que se practicaba en todos los países desde la Revolución Francesa.
Hoy en día, eso no es posible. La complejidad y tecnología del armamento y de los equipos actuales hacen imposible una incorporación a filas eficaz de forma rápida. Un simple soldado de infantería tiene que manejar tal cantidad de equipos y debe estar familiarizado con tácticas y procedimientos complejos que precisan de un período de entrenamiento y adaptación de varios meses. Demasiado tiempo como para poder contar con eso. Pero, además, la sociedad actual no está preparada psicológicamente para un llamamiento a filas, ni ningún gobierno se atrevería a hacerlo por la presión social y por su inutilidad. En definitiva, hay que aceptar que las Fuerzas Armadas de hoy en día solo están preparadas y dimensionadas para participar en operaciones limitadas y siempre como componentes de una coalición internacional. Y esto hay que explicárselo a la sociedad. Esta realidad debería propiciar la concienciación, tanto de los ciudadanos como de los propios gobiernos, de que la única solución pasa por la integración de las Fuerzas Armadas dentro de la Unión Europea. Hoy en día, la Defensa es demasiado cara como para que la pueda afrontar de forma eficaz un país aisladamente. La tarea es, pues, junto con los aliados, analizar las amenazas, los escenarios posibles y las formas de actuación de nuestras Fuerzas Armadas, para equiparlas convenientemente para esa actuación, no para atender a cualquier otra forma de carácter genérico.
Mientras que no se logre esa unión, cada país se verá obligado a plantear sus propias necesidades de defensa que se ajustarán de forma muy diversa a esa actuación conjunta, lo cual puede ir en detrimento de la formación óptima de una fuerza aliada, pero no hay otra opción. En nuestro caso, parece que hay una cierta unanimidad de criterio entre los distintos ejércitos sobre cuáles son nuestras amenazas, pero por el contrario, las formas de plantear la actuación de cada uno tienen muy poco en común y, naturalmente, los medios que se procuran atienden a necesidades dispares que, a veces, hacen sospechar que no se trata de la misma nación.
Teniendo en cuenta la situación actual y previsible de España en el concierto mundial, las amenazas se pueden dividir en dos: la procedente del norte de África y la que se deriva de una confrontación internacional. Respecto a esta última, hoy en día la situación más probable es la que se derive del terrorismo internacional, capitaneado por el yihadismo; tampoco es descartable un conflicto iniciado en Oriente Medio, como consecuencia de las rivalidades político-religiosas de la zona y en el que acabaría involucrándose la Unión Europea y la OTAN; esta última situación también está directamente relacionada con el yihadismo. Como se ha señalado anteriormente, la amenaza particular es la menos previsible y, en la práctica, casi inexistente ya que nadie va a consentir un conflicto particular de España con algún país del norte de África, porque entre otras cosas y como ya hemos mencionado antes, sería de plena aplicación el Artículo 5 de la OTAN.

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Sea cual fuere el tipo de conflicto, existen una serie de premisas que se pueden considerar invariables:
• España nunca pretenderá ocupar territorio alguno, al menos con espíritu anexionista, sino defender los suyos.
• Con toda seguridad, no llevaremos la iniciativa a la hora del comienzo de las hostilidades, sino que habrá que reaccionar ante una provocación o ataque del adversario.
• En ningún caso debemos sumergirnos en un conflicto de desgaste que solo puede desembocar en una bancarrota económica y moral.

En caso de una confrontación internacional, hay que añadir tres más:
• España actuaría dentro del plan estratégico aliado, pero siempre limitado al flanco sur de la Alianza o de Europa, ya de por sí suficientemente débil como para que a una nación de su entorno se le asigne un área de responsabilidad distinta.
• Si las operaciones se desarrollan fuera de la Unión Europea, la participación de España dentro de los aliados estará muy limitada (como lo ha estado en todas las ocasiones habidas hasta ahora), sobre todo por las limitaciones políticas tradicionalmente impuestas por las autoridades y por el ambiente social existente en relación con cualquier conflicto; y esto no va a cambiar, al menos en un plazo de tiempo previsible.
• La actuación de las FAS españolas será siempre mediante la integración de los medios que se designen en los Mandos Componentes correspondientes.

Partiendo de estas premisas, se pueden obtener inmediatamente algunas directrices básicas sobre nuestras posibles formas de actuación:
• Se pueden descartar rotundamente grandes maniobras terrestres con extensos frentes. No son necesarias, por tanto, unas fuerzas terrestres diseñadas para ocupar grandes extensiones, ni para lanzar imponentes maniobras envolventes desde el Estrecho de Gibraltar a través del norte de África, al más puro estilo rommeliano.
• Si el conflicto es en Europa, nuestra actuación deberá estar circunscrita a la zona de interés geoestratégica. Sería una total irresponsabilidad tratar de actuar fuera, en aras a ideas descabelladas, cuando es dudoso que se pueda defender adecuadamente la zona de responsabilidad propia y atender a los compromisos internacionales contraídos. En el caso de actuar fuera de la Unión Europea, como parte de una coalición, por las razones ya mencionadas, nuestra participación se limitará a entregar una serie de medios a los Mandos Componentes aliados correspondientes.
• Es preciso tener una capacidad de respuesta rápida y potente que permita, en principio, negar la posibilidad de un ataque sobre territorio peninsular o insular español para, a continuación, llevar a cabo acciones ofensivas en los puntos neurálgicos del enemigo. Para actuaciones fuera de España, esa capacidad de respuesta rápida y potente se necesitará para poner a disposición del Mando Aliado los medios que se asignen en el menor plazo de tiempo posible.
• En caso de confrontación generalizada, si el enemigo ha atravesado toda Europa, no habrá posibilidad de frenarlo en los Pirineos, y si la invasión comienza por el sur, no habrá forma de pararla con nuestros propios medios. Si hay alguna posible capacidad de resistencia, desde luego tendrá su origen en unidades aliadas que se hayan desplegado en nuestra patria o en países vecinos. Por lo tanto, no hay necesidad de poseer unas fuerzas para expulsar a un invasor que, después de una operación fulminante a través de toda Europa o del norte de África, se para, inexplicablemente, en los Pirineos, en el Ebro o en el Estrecho de Gibraltar.

Llevado al terreno de los hechos, todo lo anterior quiere decir que sería una imperdonable presunción tener unas fuerzas terrestres dotadas de numerosas Divisiones listas para ocupar el desierto sahariano, ni para correr por las llanuras europeas hasta las estepas rusas. También adolecería de la más elemental cordura tener una Armada diseñada para actuar en el mar de Noruega o en el Trópico de Capricornio. De la misma manera, no tendría sentido tratar de tener un Ejército del Aire preparado para proyectar el poder aéreo en el Círculo Polar Ártico o, por qué no, sobre los asentamientos de misiles de Corea del Norte.

Imperialismo occidental en Asia - Wikipedia, la enciclopedia libre


Por ello, es preciso disponer de las Fuerzas Armadas que respondan realmente a las necesidades y no al libre albedrío de cada ejército o por satisfacer las ansias de protagonismo, imaginando escenarios inexistentes y formas de actuación que en ningún caso se van a dar.

Tte. Gral. Santiago San Antonio Copero (E.A.).
Gral. de Bgda. Joaquín Sánchez Díaz (E.A.) (R).

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