Violencia y política

Todo el mundo vincula la violencia con la política. En unos casos diciendo que la violencia está legitimada por la ausencia de determinadas condiciones políticas, de manera que no hay que fijarse en la violencia sino en la transformación de esas condiciones como en el caso catalán y vasco, donde se violentan las leyes y la convivencia normal de una sociedad. En otros casos diciendo que determinadas transformaciones políticas son la llave para acabar con la violencia, en cualquier caso, injustificable, En otros, por fin, afirmando que no hay posibilidad de cambios, ni siquiera de dialogo, políticos mientras exista la única vía unilateral de independencia.

En todos los casos, la actuación sobre el problema o los problemas políticos y la intervención sobre la violación de las leyes componen un paquete indisociable. Así lo expresa en su libro “La segunda transición” Ramón Zallo: De lo que hay que dialogar con todos es de cómo se encauza democráticamente el problema pendiente último, el contencioso catalán y vasco y algunas de sus manifestaciones como dónde deben cumplir sus penas los presos de ETA, o como se ha de atajar la emergente República Catalana, para que se integren en un nuevo marco político. Estos diálogos no podrían ser sólo con el PNV y la izquierda radical vasca ni con los partidos secesionistas catalanes y la izquierda republicana sino con todos, atacando el fondo del conflicto que tiene visos en Cataluña de convertirse en una expresión armada.

En el caso de vascongadas el problema de la ETA no ha tenido solución, porque se encuentran en las Instituciones de Gobierno, pero sí ha tenido fin. En Cataluña cualquier propuesta para acabar con la rebelión parece que debe pasar por el referéndum de autodeterminación que está en pleno proceso de desarrollo.

En cualquier caso, si esta es la situación, ¿se está queriendo decir que hay cosas que no podemos ni debemos hacer, pero podríamos hacer si cesa la violación de las leyes dialogando con los rebeldes?

Yo insisto en desvincular la violencia de la política democrática: no hacer nada que no se quiera hacer porque existe violencia, extorsión e imposición, pero no dejar de hacer porque exista esa violación, porque exista violencia, incluyendo la aplicación de la Ley de Estados.

No se trata de mirar para otro lado en una imposible táctica de avestruz, sino mirar también para otros lados y, sobre todo, de mirar para otros lados. Se trata de mirar la realidad no sólo desde la política, sino desde la ética cívica, cada vez más contaminada por el realismo sucio del cortoplacismo político. A fuerza de avanzar hacia el norte hemos acabado por empezar a bajar hacia el sur. Nos hemos pasado y todo lo estamos reduciendo al cálculo político cuando existen otras opciones en las que la extorsión al Estado de Derecho puede tener una contestación como la violencia democrática aplicando el artículo 8º de la Constitución, no sólo el 155.

¿La prueba? Miremos el estado actual de movilización social, rota políticamente.

Así pues, hablar de todo lo que se quiera, pero porque se quiere y porque se piensa en la ciudadanía, no porque se piensa en el objetivo de los nacionalistas que nunca van a conseguir. Las sociedades vasca y catalana avanzan por autovía mientras los violentos circulan, en el mejor de los casos, en paralelo y porque se les permite, por una vía de servicio.

Mezclar ambas rutas es, inevitablemente, cortocircuitar el ritmo autónomo de la sociedad como está ocurriendo en Cataluña.

Nunca tanta gente ha hablado en nombre del pueblo. Nunca una sociedad se ha visto tan incapacitada para opinar paradójicamente por la profusión de propuestas ante las que posicionarse. Con tanta propuesta sobre la mesa, deberíamos ser capaces de poder conocerlas, contrastarlas y valorarlas. Digamos, es un suponer, un año sin más intervenciones de políticos y articulistas sobre estas cuestiones. Un año de reflexión y, si se quiere de aclaraciones, matizaciones y contrastes discretos, ya que, al fin y al cabo, toda realidad social es un artefacto, una construcción.

Pero se ha dado por supuesta la finalización del ciclo autonómico: “ya no nos satisface, no nos integra, no nos promete un futuro”. ¿Quién es ese nos? Yo no soy ese “nos” y también soy Vasco, y, lo mismo pasa con muchos ciudadanos en Cataluña.

Cuando lo dramático es la violación de los derechos de la ciudadanía, por encima de todo, pero también las amenazas y agresiones, también la instrumentación política de los presos y sus familias por unos y por otros, teniendo en cuenta que nos da igual dónde cumplan sus penas sino que las cumplan en su integridad, obligarnos a mirar sólo desde el prisma político es un posible asesinato de la legalidad vigente y de la independencia judicial: los presos de ETA y los presos del proceso de Cataluña son presos comunes de alto riesgo, Ese es el trato que se les debe dar: una prisión de alta seguridad que ellos elijan, como las elijen el resto de los presos, algunos con crímenes tan aberrantes como los de “El Mataviejas”, uno de los mayores asesinos en serie de España; mató a 16 mujeres y murió en la cárcel asesinado por sus compañeros por incumplir dos de las prescripciones de los presos: ser un violador y un chivato.

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería. (R)

Doctor por la Universidad de Salamanca.

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2 comentarios

    • juan en 9 septiembre, 2020 a las 10:00
    • Responder

    No tengo ninguna confianza en que haya alguna solución AL ASUNTO CATALÁN por parte del actual gobierno social-comunista , que quiere bajar las penas del delito de sedición para aliviar el estado, ya muy bueno, de los condenados en el juicio a los líderes del proceso independentista y con ello lograr que sus penas sean aún menores.
    Se aplicaría el artículo 2 del Código Penal y lo que hicieron los independentistas , por usar un poco la ironía, merecerá casi recibir el aplauso cariñosos desde el Gobierno o que les hagan estatuas y que les dediquen nombres de calles, colegios, universidades y aeropuertos.
    Resultado final : que todo el juicio dirigido por Manuel Marchena habrá sido inútil; casi como si no se hubiera celebrado. O peor incluso.
    Pero poco podemos esperar de un Gobierno presidido por un señor que dice que no pactará con otro porque le quitaría el sueño y acto seguido pacta con él.
    muy poco se puede confiar en un señor que lamenta la muerte de un etarra en prisión y sin embargo calla ante el tristísimo hecho de que al año unos 30 Policías Nacionales y Guardias Civiles se quiten la vida desesperados por su situación

    • juan en 8 septiembre, 2020 a las 21:26
    • Responder

    No sé qué es lo sensato de cara a frenar el asunto catalán. Son muchos los independentistas. Creo que sobre el 42%.
    ¿Aplicar un 155 blando ? ¿ Aplicar un 155 durísimo ? Ignoro si con la CE en la mano se puede obligar a devolver PARA SIEMPRE las competencias de educación y de policía Y dos o tres competencias más .
    Pero, si se puede ¿ es conveniente o es contraproducente?
    Son muchos años los que llevan enseñándoles a los niños cosas peregrinas.
    Pero esos niños de entonces, ahora tienen 40 años y ocupan puestos clave en la sociedad.
    Me quedé estupefacto al saber que es independentista el Doctor Francesc Cardellach, Catedrático de Medicina Interna y actual responsable del Tratado de Medicina Interna de Farreras – Valentí , el mejor texto de Medicina Interna en español desde hace más de 50 años.
    Sé que es un médico extraordinariamente bueno y que ha sido Decano de la Fac. de Medicina hasta 2019. En el Hospital Clínico de Barcelona hay muchos médicos independentistas como Cardellach. ¡Mal asunto!
    Y del mismo modo que este Catedrático, hay independentistas en todas las instancias.
    ¿Sancionar desde el Gobierno Central a aquellos funcionarios que no cumplan las normas vigentes con suspensión de empleo y sueldo, es la solución ? ¿ Cerrar desde el Gobierno Central la televisón esa que insulta de manera continuada a los no independentistas ?
    No sé qué se puede hacer. Pero lo que está claro es que el problema existe y no se está corrigiendo.
    La situación es gravísma y los catalanes, tan sensibles a su economía, no han depuesto su actitud a pesar de que cientos de empresas han abandonafo Cataluña.

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