General Varela, ¿Por qué tantos hombres incompetentes se convierten en líderes?

General:

Hoy me ha llegado una carta de la fiscalía de la Audiencia provincial de Madrid comunicándome verdaderas “Chorradas” que, supongo las ha escrito su asesor de oficio, por decir algo, General Serrano Barberán, Jefe, ¡¡¡Dios mío¡¡¡, de la Asesoría del Cuartel General del .

No tenía pensado denunciarle a usted, pero ya que veo que le va la marcha, también, lo meteré en “el saco de los ratones”, dígase metafóricamente.

Entre tanto le paso una reseña de un buen libro para que se culturice si decide leerlo. Le vendría muy bien.

Una búsqueda en Google de la expresión “mi jefe” se autocompleta inmediatamente con predicados como “me habla mal” o “me grita”. También con “es un psicópata” o “es un inútil”. No cabe duda de que la gente con jefes excelentes y empáticos no googlea al respecto, pero, afirma el argentino Tomás Chamorro-Premuzic –profesor de Psicología Empresarial del University College londinense y jefe científico de talento de Manpower Group–, las estadísticas dicen lo mismo. Según Gallup, el 65% de los estadounidenses preferiría cambiar de jefe antes que un aumento de sueldo. Pero, como afirma el autor en ¿Por qué tantos hombres incompetentes se convierten en líderes? (y cómo evitarlo), eso denota falta de visión: el siguiente jefe puede ser peor.

Jefes que, recuerda, en su mayoría son hombres: en el 2017, las mujeres eran el 44% de los trabajadores de las empresas del S&P 500 y el 6% de los consejeros delegados. Cuando el autor mencionó a una clienta que escribía un libro sobre las mujeres y el liderazgo, ella le sugirió: “¿Quieres decir que estás escribiendo dos libros?”.

Así las cosas, Chamorro-Premuzic se pregunta si la abundancia de malos líderes y que la mayoría sean hombres están relacionados. Cree que sí. Y el problema son los criterios de selección: si tantos incompetentes se convierten en líderes, defiende, es porque sus defectos de carácter se confunden con señales de talento o liderazgo. Rasgos como el exceso de confianza o el egocentrismo en vez de verse como una alarma llevan a exclamar “¡Qué tío tan carismático!”.

Hay más rasgos: arrogancia, brusquedad, inconsciencia de las propias limitaciones y una gran admiración por sí mismos. De hecho, apunta, son sus mayores fans y hacen networking y autopromoción de manera continua.

Defectos que no entorpecen sus carreras. Al contrario. No es extraño: Freud decía que “el narcisismo de otra persona tiene una gran atracción para alguien que ha renunciado a parte del suyo”. El producto es que tanto en los negocios como en la política hay un excedente de egocéntricos e incompetentes al mando. Y que a las mujeres se les recomiendan comportamientos masculinos para ascender, como “cree en ti mismo” o “sé tú mismo”, como si uno pudiera ser otro, ironiza el autor.

Y resalta que debemos cambiar la visión sobre el liderazgo: no es una recompensa personal sino un recurso para la organización, y es bueno si aumenta la motivación y el rendimiento. Líderes que empoderen en vez de quemar, que inspiren en vez de crear ansiedad. La prioridad es elevar el nivel de liderazgo: uno malo es muy costoso. Y para eso pide cambiar los criterios de selección por otros –conocimiento experto, inteligencia y curiosidad abonan el liderazgo potencial– que predigan el rendimiento real en la empresa y no el éxito de la carrera del líder.

Ahora, denuncia, hay un sistema patológico que premia a los hombres por su incompetencia y castiga a las mujeres: las pocas que llegan tardan un 30% más y son cuatro años mayores de media, pese a que al mando tienen más inteligencia emocional, autocontrol, empatía y liderazgo transformacional, características de las que usted carece.

Este artículo es una reseña del libro ‘¿Por qué tantos hombres incompetentes se convierten en líderes?’, de Tomás Chamorro-Premuzic (Empresa Activa), realizada por Justo Barranco para “La Vanguardia en enero de 2020.

Les vendría de perlas leerlo, General, en compañía del General Serrano Barberan que, verdaderamente, me deja acongojado de su calidad como asesor jurídico: un inepto e incompetente en temas legales; peor el que lo designó por su responsabilidad en hacerlo. Debería contratar uno de oficio, le iría mejor y, así, no parecería usted tan incompetente en el ejercicio del mando como quien le asesora jurídicamente.

Estamos en manos de mediocres y, pensándolo bien, ojala fueran mediocres, ¡¡¡peor que mediocres¡¡¡

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería. (R)

Doctor por la Universidad de Salamanca.

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