Delirios del Cardenal Omella

Prelados de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española:

Está universalmente aceptado que la necedad no lleva tilde pero se acentúa con el paso del tiempo, siendo un vivo ejemplo de ello el Cardenal-Arzobispo de Barcelona, presidente de la Conferencia Episcopal Española y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Tarragona.

Resulta cuando menos tristemente anecdótico, que el Cardenal-Arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española que integra la totalidad de las diócesis españolas, de superior categoría eclesiástica al Arzobispo de Tarragona, sea vicepresidente de la no reconocida por la Santa Sede Conferencia Episcopal Tarraconense, presidida por el prelado tarraconense en la que solamente se integran las diócesis catalanas, es decir, parte de las diócesis españolas, no existiendo conferencias episcopales de ninguna otra región o terruño español, entre otras cosas porque en otras latitudes eclesiásticas españolas no existen veleidades secesionistas ni voluntad de alterar nuestra pacífica convivencia haciendo causa común con los independentistas.

En su carta dominical “Perseguidos” del pasado 11 de julio de 2021, el citado personaje manifiesta que “persecuciones trepidantes e intrigas de espionaje han sido objeto de muchas películas en la historia del cine y que nuestra historia, lamentablemente, también está plagada de persecuciones de personas”.

No tiene que referirse el Señor Cardenal al cine o a la historia para citar casos de persecuciones de personas, los tiene en su propia familia algunos de cuyos miembros fueron exterminados por el Frente Popular en 1936, entre ellos su antepasado el sacerdote Jorge Omella Omella que, según declaraciones de su propio hermano, testigo del crimen, fue llevado a la fuerza por miembros de la citada coalición izquierdista hasta el cementerio donde le apuñalaron hasta acabar con su vida, o el concejal de derechas de 64 años, Ramón Juan Omella, y el labrador de 29 años, simpatizante de la derecha, Joaquín Villagrasa Omella, perdieron la vida a manos del Frente Popular.

Si hasta ahora se desconocía la ideología política del aludido, el silencio del sacrificio de sus familiares en su misiva dominical evidencia que está del lado de los enemigos de la Iglesia y de su familia.

Continúa la misiva cardenalicia diciendo que ser católico no está de moda y a menudo causa sorpresa, estupor y cierto rechazo, dificultando el acceso a la educación religiosa y marginando a los creyentes solo por serlo: es obvio que el subconsciente traiciona al individuo confundiendo su supuesto credo religioso con su acreditada ideología separatista.

La prelatura española en general y la catalana en particular, constituye un ejemplo no imitable de lo anterior por su contumaz vulneración de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, por parte de toda la Iglesia Española en la tramitación de sus actos religiosos en la vía pública, a pesar de mis reiterados exhortos al efecto durante los 3 últimos años.

Continúa diciendo el apóstata aragonés y devoto catalán separatista que, en una sociedad plural como la nuestra, la libertad de expresión permite comentarios sobre lo religioso siempre que se respeten los sentimientos del prójimo, no alteren la convivencia y no inciten a la católicofobia u otras fobias religiosas, debiendo dedicar esfuerzos a denunciar y remediar estas fobias ya que la libertad religiosa es un aspecto fundamental de la dignidad humana, olvidando que para poder hablar es necesario predicar con el ejemplo, ausente en el caso que nos ocupa por el displicente silencio que toda la prelatura que preside viene dedicando a mis numerosos escritos solicitando que la Iglesia Española acate la precitada Ley Orgánica 9/1983, cumpliendo el imperativo constitucional de no discriminar a la población católica otorgándola el mismo trato que a otros colectivos que desarrollan actos en la vía pública.

Llama poderosamente la atención que este extraño ejemplar invite a emular a Cristo dialogando y respetando el derecho a la libertad religiosa de los demás cuando él no respeta la libertad religiosa ni la dignidad de cuantos creemos profesar su misma fe.

El pasado 21 de abril, el purpurado ha cumplido 75 años, edad a la que cualquier obispo está obligado a presentar su renuncia al Santo Padre, por lo que sería de agradecer la máxima diligencia papal al respecto: la Iglesia Española lo necesita.

Efrén Díaz Casal

Coronel de Infantería (R)

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