Un militar y una periodistilla

Hace unos meses escuché en una cadena de televisión española un fragmento de una entrevista realizada a un soldado español. No recuerdo el nombre del militar ni de la profesional, sólo la ignorancia y sensiblería de ella.

El garante de la soberanía e independencia de España, el defensor de su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, comentaba uno de los momentos de mayor tensión de su vida, en el cual se encontró tumbado bajo unos tablones al nivel del suelo observando a centímetros de sí los pies de un enemigo, dispuesto a degollarle con presteza si éste descubría su posición.

La periodistilla preguntó al militar español qué pensó en ese instante. Sugirió: “¿pasaron por su mente las caritas de sus hijos?”. Me resulta inexplicable que el uniformado mantuviera el semblante inalterado, como espectadora puse los ojos en blanco y esbocé una mueca de desprecio. Ocupando el lugar de él, yo habría puesto los puntos sobre las íes, habría ilustrado a la susodicha en una noción básica sobre la vida y especialmente la carrera de las armas: un miembro de las Fuerzas Armadas no es Corín Tellado, es una persona entrenada para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a otros, en las circunstancias más hostiles. Para ello resulta esencial mantener la mente fría y pensar de forma resolutiva.

En ocasiones, los altivos graduados en periodismo, endiosados por sí mismos, los mismos que atraviesan dificultades para esquivar faltas de ortografía, construir oraciones de más de cinco palabras o utilizar un registro lingüístico superior a la E.G.B., están desprovistos de conocimiento elemental sobre la naturaleza humana y lo castrense; su buscada progresía ha surtido efectos lobotómicos. Nunca he disfrutado del honor de lucir uniforme y carezco de título en periodismo, pero sé lo siguiente: un militar, especialmente en un momento de máximo peligro, es decir, que requiere máxima concentración, no puede permitirse sentimentalismos, porque sólo le debilitan. Un soldado es un guerrero que ha sido adiestrado para que, en caso de encontrarse en una circunstancia de riesgo mortal, utilice exclusivamente la inteligencia estratégica, lógica y cinestésica, con el fin de conservar la vida propia, la de aquellos bajo su mando, y cumplir la misión.

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