Despedida de la Unidad DIAPER (2017)

Todas las despedidas son difíciles, aunque se hayan vivido más de quince, como destinos he tenido en el ámbito militar, porque las relaciones entre compañeros de trabajo y la unidad de doctrina, cultura de empresa en la vida civil, es mucho más exigente que en esta.

Quizás sea este destino que ahora dejo el más gratificante de mi carrera militar en el ámbito personal por una razón muy simple: siempre he pensado que la milicia es una familia que no sólo está constituida de personas de uniforme, sino que también tienen parte en ella los padres, las esposas, los hijos y, en general todo lo que denominamos “familia militar”. En este destino he visto situaciones familiares, más de las que creía en principio encontrar, que se sitúan por debajo del umbral de la pobreza y a los que nosotros, a través de las Ayudas Sociales, hemos ayudado proporcionándoles esos auxilios que tanto necesitaban siempre insuficientes.

Ha sido mi objetivo ayudar, con el apoyo de mis Mandos, no al que más ruido hace sino al que más lo necesita, a cubrir las necesidades básicas de aquellos que no llegaban a poder pagar la factura de la luz, o la bombona de butano, principal objetivo de la Unidad de Ayudas Sociales con el apoyo insustituible de Cáritas Castrense, de la Hermandad de Veteranos y de otras Organizaciones que se dedican a estos menesteres.

En esta Cámara en la que os reunís para despedirme, lugares que aún se denominan así en la Real Marina española, se encuentran mis “camaradas” de Ayudas, de Ocio y de CLIMS; término utilizado por los Tercios de Flandes y que se expandió por todos los Ejércitos europeos del siglo XVI como organización informal de la Infantería española, mucho antes de que se politizara esta palabra. Vuestra profesionalidad y compañerismo demostrado en el ejercicio de vuestro trabajo queda, para mí, como ejemplo a seguir en el que va a ser mi último destino en la situación de actividad.

Camarada, integrante de una cámara, era la estrecha amistad entre soldados y oficiales que vivían en la misma cámara, en el ejército español del siglo XVI y que bien sirve para definir metafóricamente las Unidades constitutivas de nuestra Sección. La función del camarada era entre otras, la de hacerse cargo del testamento en caso de fallecimiento en combate de uno de los integrantes, amén de otras responsabilidades personales de las que la organización del Ejército no se hacía cargo. Las cámaras solían estar integradas por un capitán y cinco o seis oficiales, y en el caso de la tropa, en igual número de soldados. No hemos tenido soldados en nuestra Unidad de Ayudas, pero sí mucha camaradería fruto de la conciencia individual de la importancia de nuestra misión y de su repercusión en la moral de los componentes del Ejército. No había suboficiales y, por tanto, no existían Cámaras de suboficiales en aquella época porque hasta las primeras horas de la mañana del día 6 de diciembre de 1.931, no se creaba en el Ejército Español el Cuerpo de Suboficiales. El tenor literal de la citada Ley no arrojaba la menor duda a este respecto, al disponer en su articulado que: “Se crea el Cuerpo de Suboficiales del Ejército, que serán auxiliares del mando y constituirán categoría intermedia entre el Cuerpo de Oficiales y las clases de tropa. El Cuerpo de Suboficiales estará integrado por los sargentos primeros, brigadas, sub-ayudantes y subtenientes…”, Subtenientes, Ignacio, Ricardo, Luis, Antonio e Iñigo, que sí habéis formado y formáis parte esencial de esta Sección y sobre los que ha recaído una parte muy importante de las misiones que nos han encomendado en Acción Social. Especial mención a mi Capitán José Manuel y Subteniente Luis por su tesón y vocación profesional. Profesáis y queréis al Ejército que es lo máximo que se puede pedir a un profesional. No os voy a llamar nunca amigos porque este es un término que solo se usa para pedir favores, en los tiempos que corren, favores que hay que devolver, casi siempre con perjuicio para terceros, sino camaradas, que significa compañero de cámara, de trabajo, de estudios, entre los que tengo también al Comandante Tito Fructuoso.

Por último, gratitud a mis Coroneles. Ha existido y existe una relación muy especial con el Coronel Ruiz de Pascual, sin duda similar a la que hubiera existido, si el tiempo hubiera dado cabida a ello, con el Coronel Navarro al que le deseo lo mejor para él y para su Unidad.

Me despido de vosotros, de todos, también de Carmen, de Sonia y María, como lo hacían nuestros antecesores de los Tercios de Flandes, como camarada: Personas que mantienen una relación de amistad y compañerismo con otras.

Me siento muy orgulloso de haber servido en esta Unidad con vosotros y creo que, aunque no hace falta decirlo, me tenéis en la Dirección de Acuartelamiento, en la Sección de Patrimonio, para todo lo que queráis y necesitéis.

Un abrazo muy fuerte y muchas gracias por todo, me pongo a vuestra entera disposición.

Enrique Area Sacristán

Teniente Coronel de Infantería

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