Kyivan Rus, el lugar de nacimiento de Ucrania y Rusia.

Entender y desarrollar la esencia de lo que es y significa Ucrania es una labor compleja que genera debates y conflictos incluso dentro del país; por ello no se puede hacer un análisis a la ligera. Para algunos, Ucrania y Rusia tienen un origen común. Para otros, escuchar tal cosa es una aberración, aunque es imposible negar que Ucrania posee vínculos históricos, culturales y lingüísticos con Rusia. 

La problemática que plantea hablar de la historia de la región que hoy abarcan Ucrania, Bielorrusia y Rusia es que hay dos vertientes históricas, en general, aceptadas: la ucraniana y la rusa, las cuales dependiendo del historiador o autor, también poseen diferencias.

A medida que la amenaza de una invasión rusa de Ucrania y el inicio de las operaciones militares por parte de Moscú continúa dominando la actualidad informativa, una mirada retrospectiva a la larga y entrelazada historia de los vecinos en conflicto pone de manifiesto cómo se preparó el escenario para el conflicto actual.

Según ha informado El País, el presidente de Rusia Vladimir Putin, que ha agitado durante meses el argumento de que el de Kiev es un régimen nazi que discrimina a los rusoparlantes y que los ciudadanos de las regiones de Donetsk y Lugansk están sufriendo un “genocidio” ha afirmado en su anuncio que la agresión militar es para “defender y proteger” a la ciudadanía. “Nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también por llevar ante la justicia a aquellos que cometieron numerosos crímenes sangrientos contra civiles, incluidos ciudadanos de Rusia”, ha dicho Putin, con gesto serio en un mensaje de vídeo flanqueado por dos banderas rusas.

El patrimonio compartido de los dos países se remonta a más de 1000 años, a una época en que Kiev, ahora la capital de Ucrania, estaba en el centro del primer estado eslavo, Kyivan Rus, el lugar de nacimiento de Ucrania y Rusia. En el año 988 d.C., Vladimir I, el príncipe pagano de Novgorod y gran príncipe de Kiev, aceptó la fe cristiana ortodoxa y fue bautizado en la ciudad de Crimea de Quersoneso. Sólo así podrían entenderse las recientes declaraciones de Putin: “Los rusos y los ucranianos son un solo pueblo, un todo único”.

La problemática que plantea hablar de la historia de la región que hoy abarcan Ucrania, Bielorrusia y Rusia es que hay dos vertientes históricas, en general, aceptadas: la ucraniana y la rusa, las cuales dependiendo del historiador o autor, también poseen diferencias.

Se cree que la fundación del Rus de Kiev se remonta a la llegada de los varegos en el siglo IX. “Varego” (Varyag) es la palabra utilizada para designar a lo que en Occidente se conoce como vikingos. Otra denominación que recibían es la de “Rus” (Rhos), la cual da nombre al Rus de Kiev y también a la actual Rusia y su gente. Las interpretaciones sobre lo que exactamente significa “Rus” son variadas, pero tanto las fuentes de la época como las actuales interpretaciones ucranianas y rusas consideran que dicho termino se refiere a “hombres que reman” o que es una designación de carácter físico en alusión al pelo y barbas rubias o rojizas que solían tener estos navegantes escandinavos. Esta última teoría la apoyan historiadores occidentales como Peter Frankopan en su obra “El corazón del mundo”. Otros en cambio, consideran que el nombre procede de diversas localidades en Suecia o Finlandia.

Sea como fuere, estos pueblos escandinavos atravesaron el interior de lo que hoy son Rusia y Ucrania, navegando por los ríos Neva, Volga, Dniéper, Dniéster y sus afluentes, llegando hasta los Urales, el Cáucaso, el Mar Negro y el Caspio. Hicieron contacto con el Imperio Bizantino, el Califato Islámico y con Persia, enriqueciéndose gracias al comercio de esclavos, pieles o miel. Para llegar hasta estos destinos, los varegos no podían evitar establecer contacto con los pueblos eslavos que habitaban la zona, con los cuales también comerciaban gracias al establecimiento de puestos comerciales y la consecuente migración de población escandinava.

Según se afirma en la Crónica de Néstor (recordemos que puede estar fuertemente influenciada por un pensamiento proescandinavo), hubo un momento en el que los pueblos eslavos decidieron dejar de tratar con los varegos y les expulsaron de sus tierras. No obstante, el caos reinó entre los eslavos y no pudieron gobernarse a sí mismos, por lo que pidieron el retorno de los varegos y optaron por designar a alguno de sus príncipes para gobernarles y poner orden. Fue entonces cuando llegaron Rurik y su séquito. Rurik era un varego (sueco o finlandés) que acabó siendo el fundador de la dinastía Ruríkida que gobernaría el Rus de Kiev hasta su desintegración, los diversos principados sucesores del mismo así como el propio Zarato ruso hasta 1610 (llegada de los Romanov en 1613).

Sin embargo, a lo largo de los últimos diez siglos, Ucrania ha sido dividida repetidamente por potencias competidoras. Los guerreros mongoles del este conquistaron la Rus de Kyivan en el siglo XIII. En el siglo XVI, ejércitos polacos y lituanos la invadieron desde el oeste. En el siglo XVII, la guerra entre la Mancomunidad Polaco-Lituana y el zarismo de Rusia puso las tierras al este del río Dniéper bajo el control imperial ruso. El este pasó a conocerse como la “orilla izquierda” de Ucrania; las tierras al oeste del Dniéper, o “orilla derecha”, fueron gobernadas por Polonia.

Más de un siglo después, en 1793, la orilla derecha (occidental) de Ucrania fue anexionada por el Imperio ruso. Durante los años siguientes, mediante la política conocida como rusificación, prohibió el uso y el estudio de la lengua ucraniana, y se presionó a la población para que se convirtiera a la fe ortodoxa rusa.

Ucrania sufrió algunos de sus mayores traumas durante el siglo XX. Tras la revolución comunista de 1917, fue uno de los muchos países que libraron una brutal guerra civil antes de ser totalmente absorbida por la Unión Soviética en 1922. A principios de la década de 1930, para obligar a los campesinos a unirse a las granjas colectivas, el líder soviético Joseph Stalin orquestó una hambruna que provocó la muerte de millones de ucranianos. Después, Stalin importó un gran número de rusos y otros ciudadanos soviéticos (muchos sin saber hablar ucraniano y con pocos vínculos con la región) para ayudar a repoblar el este.

Estos legados históricos crearon líneas de fractura duraderas. Dado que el este de Ucrania cayó bajo el dominio ruso mucho antes que el oeste, los habitantes del este tienen mayores vínculos con Rusia y son más propensos a apoyar a los líderes de tendencia rusa. Por el contrario, Ucrania occidental pasó siglos bajo el control cambiante de potencias europeas como Polonia y el Imperio Austrohúngaro, razón por la que los ucranianos del oeste han tendido a apoyar a los políticos de tendencia más occidental. La población del este tiende a ser más rusófona y ortodoxa, mientras que partes del oeste son más ucranianas y católicas.

Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, Ucrania se convirtió en una nación independiente. Pero la unificación del país resultó ser una tarea difícil. Por un lado, “el sentimiento de nacionalismo ucraniano no está tan arraigado en el este como en el oeste”, dice el ex embajador estadounidense en Ucrania Steven Pifer. La transición a la democracia y al capitalismo fue dolorosa y caótica, y muchos ucranianos, especialmente en el este, añoraban la relativa estabilidad de épocas anteriores.

“La mayor división, después de todos estos factores, es la que existe entre los que ven con más simpatía el dominio imperial ruso y soviético frente a los que lo ven como una tragedia”, afirma Adrian Karatnycky, experto en Ucrania y antiguo miembro del Consejo Atlántico de Estados Unidos. Estas fisuras quedaron al descubierto durante la Revolución Naranja de 2004, en la que miles de ucranianos se manifestaron a favor de una mayor integración con Europa.

En los mapas ecológicos puede verse incluso la división entre las partes meridionales y orientales de Ucrania (conocidas como estepas), con su fértil suelo agrícola, y las regiones septentrionales y occidentales, más boscosas, dice Serhii Plokhii, profesor de historia de Harvard y director de su Instituto de Investigación Ucraniana. Asegura que el mapa que representa las demarcaciones entre la estepa y el bosque, una línea diagonal entre el este y el oeste, tiene un “parecido sorprendente” con los mapas políticos de las elecciones presidenciales ucranianas de 2004 y 2010.

Crimea fue ocupada y anexionada por Rusia en 2014, seguida poco después por un levantamiento separatista en la región oriental ucraniana de Donbás que desembocó en la declaración de las Repúblicas Populares de Luhansk y Donetsk, apoyadas por Rusia. Hoy en día, las tropas rusas vuelven a establecer líneas de fractura que reflejan la tumultuosa historia de la región bajo el pretexto de defender a la población rusoparlante de las repúblicas de Donetsk y Lugansk.

El Gobierno ruso se encuentra dispuesto a paralizar esta invasión “de inmediato” si Ucrania cede a sus exigencias. El Kremlin pretende que les cedan Crimea y reconozcan la independencia de Donetsk y Lugansk.

Así lo ha manifestado, según recoge la agencia Reuters, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, cuando se cumplen dos semanas del inicio de la invasión. “Esto puede parar en cualquier momento”, ha manifestado al respecto.

Unas exigencias que se han dado antes de la reunión que han mantenido durante la tercera ronda de negociaciones desde que comenzó la guerra en Ucrania.

Asimismo, demandan que Ucrania modifique su Constitución para renunciar a su ingreso en “cualquier bloque” y que “abandonen las acciones militares”.

“Realmente, nosotros estamos terminando la desmilitarización de Ucrania y la terminaremos. Pero lo principal es que Ucrania cese su acción militar”, ha agregado al respecto Peskov.

El pasado 24 de febrero, el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó la invasión en Ucrania bajo el pretexto de proteger a la población rusohablante de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, y exigió la desmilitarización y “desnazificación” del país vecino. Desde entonces, no ha cesado en su ataque de norte a sur del país, provocando la muerte de cientos de civiles y la huida de miles de ucranianos.

Partes de este artículo, aparecido en nationalgeographic.com, se publicaron originalmente en inglés durante la crisis de Crimea de 2014. Se ha ampliado y actualizado para reflejar los acontecimientos actuales.

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