La Guerra defensiva es un error del «Sistema».

Motivado por unos comentarios de un Oficial General sobre lo justo que puede ser una guerra defensiva, paso a analizar la primera de todas ellas que tuvo lugar entre españoles y araucanos mapuches en lo que fuera Chile, en el siglo XVI, ejemplo de lo que trae consigo el error de considerar justas las guerras defensivas, si es que existen.

La guerra queda definida en el DRAE como «lucha armada prolongada entre dos o más naciones durante la cual se producen diversas batallas».

La Guerra de Arauco fue el enfrentamiento que se dio por casi tres siglos entre los Mapuches y los hispano-criollos, y posteriormente con los chilenos. A lo largo de la guerra hubo períodos de mayor y de menos intensidad.

La guerra puede ser dividida en las siguientes etapas:

– Guerra Ofensiva: desde la llegada de los españoles hasta el desastre de Curalaba en 1598.

– Guerra Defensiva: de 1612 a 1626.

– Guerra Ofensiva: de 1626 a 1662

– Sistema de Parlamentos: desde 1654

En teoría moral, existen al menos tres enfoques sobre la cuestión de la guerra:​

  • El pacifismo, según el cual toda guerra es injustificada y, por consiguiente, inmoral.
  • El enfoque del «realismo político» o realpolitik, cuya premisa fundamental quedó recogida por el militar e historiador alemán Carl von Clausewitz, cuando dijo que la guerra no es sino otra forma de hacer política, defendido en mi artículo motivo de discordia y que desliga la guerra de la moral y la une a la política, de por sí inmoral aunque sea necesaria. «Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad».
  • Y finalmente, queda la tradición de la guerra justa, con origen en la Edad Media y que se caracteriza por defender que algunas contiendas bélicas tienen justificación y son morales, defendido por este Oficial General. En su encíclica Pacem in TerrisJuan XXIII cuestionó severamente el concepto de guerra justa al señalar que en la era atómica «resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado».

Veamos la Primera Guerra defensiva

Guerra Defensiva

A comienzos del siglo XVII hubo un cambio en la estrategia de la guerra, producto de las ideas de fray Bartolomé de Las Casas. Tras su ordenamiento como sacerdote, el español De Las Casas conoció la realidad vivida por los indígenas después del arribo de los conquistadores, lo que lo llevó a impulsar una campaña para terminar con los abusos e injusticias. Su determinación fue tal, que incluso llegó hasta la corte real a exponer sus ideas, las que fueron escuchadas y también implementadas.

Aunque como integrante de la Iglesia Católica, el fray condenaba muchas de las creencias de los nativos (como los cultos politeístas o la poligamia), criticaba el modo en que se les trataba. Para él, la evangelización no justificaba la utilización de la violencia desmedida ni tampoco las continuas humillaciones por las que tenían que pasar los indios.

Si bien las ideas del padre De Las Casas fueron postuladas al otro lado del Atlántico, hubo quienes hicieron eco de ellas, llegando hasta nuestro territorio. De la mano de los integrantes de la Compañía de Jesús, y basándose en las ideas evangelizadoras y pacifistas, se impulsó entonces la llamada guerra defensiva, que consistía en eliminar todos los métodos violentos de conquista, pacificando a los insurgentes a través de la evangelización. El gran promotor en Chile de esta idea fue el padre jesuita Luis de Valdivia, quien consiguió el apoyo de Felipe III para concretar su estrategia. De vuelta en el país y cuando el conflicto recrudecía en el sur, Luis De Valdivia convocó a una reunión a los loncos de Concepción, en 1612, para explicarles el acuerdo de paz. Los españoles respetarían sus tierras, a cambio de que ellos permitieran el ingreso de misiones evangelizadoras.

Los jefes mapuches aceptaron el trato, pero bastaría solo una provocación para que los planes de paz fracasaran. En una de las primeras misiones, los mapuches dieron muerte a tres sacerdotes, tras torturarlos con gran crueldad. Con ello se colocaba fin a uno de los proyectos más optimistas y menos violentos para terminar con el conflicto en Arauco.

La guerra defensiva contempló los siguientes aspectos:

– Se mantuvo la línea defensiva en el Biobío, prohibiendo a los militares pasar más allá.

– Se mantuvo el ejército permanente.

– Se estudió un sistema de tributos para los araucanos, que reemplazaría el trabajo en encomiendas. 

– Se suspendió la Real Cédula que declaraba esclavos a los aborígenes.

– Se perdonó en nombre del rey a todos los rebeldes.

El padre Valdivia debía organizar la predicación entre los araucanos, pero a pesar de sus esfuerzos y los del gobernador Alonso de Ribera, la guerra defensiva no prosperó. Mapuches y españoles continuaron luchando. Este tipo de guerra existió legalmente hasta el año 1626, cuando Felipe IV autorizó volver a la guerra ofensiva y declaró vigente la Real Cédula de 1608, que hacía esclavos a los rebeldes.

La vida en la frontera

Cuando finalizó la Conquista, a fines del siglo XVI, los araucanos no habían podido ser sometidos por los españoles, por lo que se hizo necesaria una nueva estrategia para enfrentarlos. Durante este período hubo numerosos desastres, ciudades saqueadas, quemadas y abandonadas a su suerte luego del triunfo mapuche en Curalaba en 1598, donde además fue derrotado y muerto el gobernador Martín García Óñez de Loyola. Ante esto, los españoles renunciaron por el momento a la conquista de la Araucanía, conformándose con una frontera en el río Biobío.

En este período fue nombrado gobernador Alonso de Ribera (1601-1605), quien se dio cuenta de que no era posible derrotar a los mapuches si no contaban con un ejército profesional. Para esto, pidió al rey Felipe III la autorización y los medios para crearlo, formándose así en 1604 un ejército de carácter permanente y pagado, integrado por más de 1.500 soldados.

Mientras, Ribera levantaba numerosos fuertes en la margen norte del Biobío, dividiendo el mundo indígena del mundo del Imperio; se encargó de elaborar tácticas de guerra y preparar todos los elementos logísticos que requería su ejército. Con esto, se puso fin a la guerra ofensiva que caracterizó el período de la Conquista. En 1605 asumió como gobernador Alonso García de Ramón, quien se mantendría en el poder hasta 1610.

Guerra Ofensiva:

Como el sistema del padre Luis de Valdivia no funcionó, en 1626 se volvió al sistema ideado por el gobernador Alonso de Ribera, que consistía en una frontera fortificada con fuertes que debía ir avanzando lentamente.

El regreso de los combates ofensivos no solo se justificaba por el absoluto fracaso del plan del padre Luis de Valdivia, sino que también permitía la captura y esclavización de los indígenas sorprendidos con armas los que, en gran cantidad, fueron destinados como mano de obra en las estancias.

Se volvía así a una serie de enfrentamientos sangrientos, que arrojaban una gran cantidad de muertos y prisioneros de ambos bandos. En la mayoría de las ocasiones, los españoles solo buscaban provocar a los indígenas para capturarlos como esclavos, mientras que los mapuches respondían con violentos saqueos a las estancias, asolando cultivos y poblados enteros.

Sistema de Parlamentos

En 1639 asume el poder un nuevo gobernador, Francisco López de Zúñiga, partidario de buscar un entendimiento con los araucanos, apoyado por los jesuitas. En 1641 realizó una gran reunión o parlamento de Quilín con los principales jefes mapuches, donde hubo grandes banquetes, discursos, regalos y promesas de paz y amistad por ambos bandos. Los españoles reconocieron la libertad de los araucanos en sus territorios y estos permitieron el ingreso a la Araucanía de sacerdotes misioneros.

Sin embargo, estos planteamientos incluían solo al grupo familiar, por lo que los que no estuvieron presentes continuaban con los malones, ataques en forma aislada, a lo que los españoles respondieron con nuevos ataques, convirtiendo a la frontera del Biobío en una región en continua guerra.

Los parlamentos siguieron celebrándose cada vez que asumía un nuevo gobernador, pero ninguno dio frutos. El último de la época colonial fue convocado por Ambrosio O’Higgins, en Negrete (1793).

Estos parlamentos, más la labor de los misioneros y la influencia de los comerciantes, fueron configurando un especial modo de vida fronteriza. En la práctica, el límite se constituyó en una zona de intercambio que favorecía tanto a los españoles como a los indígenas. Estos últimos adquirían artículos de hierro, géneros, caballos, vino y aguardiente. Por su parte, los españoles requerían ponchos, alimentos y ganado.

Aunque los parlamentos no lograron la pacificación y el control total de la zona de conflicto, sí permitieron establecer una serie de asentamientos al sur de la línea de fuego del río Biobío.

De esta forma se explica la creación de pequeños poblados como Lota, Arauco, Nacimiento, Negrete, Angol, Paicaví, Purén, Repocura y Boroa. Uno de los principales objetivos de su creación era asegurar una red de comunicación efectiva entre las ciudades de Concepción y Valdivia.

Así, podemos decir que la guerra defensiva es un error del sistema.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar ser invadido por Polonia. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo.

Eduardo Galeano.

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