Yonkis de la televisión basura

La televisión ha conseguido absorber la inteligencia de las personas supliéndola por una simple complacencia con todo lo que sale por la pantalla del televisor, sea bueno o malo; porque, en definitiva, de lo que se trata, es de que la gente no piense mucho.

Cada vez son más frecuentes los programas de televisión que bajo la denominación de realities nos muestran a personas conviviendo en diversas situaciones que sus patrocinadores llaman extremas, aunque ni lo uno ni lo otro es del todo cierto, porque más que una convivencia, entendida ésta en su concepción más amplia, no sólo referida al hecho de vivir juntos, sino a la coexistencia pacífica y armoniosa de grupos humanos en un mismo espacio, evidentemente no lo es; como tampoco es extrema dicha convivencia a no ser que por extremo se entienda la ordinariez de quienes en ellos participan.

Aún a riesgo de ser considerado demagogia, una convivencia extrema es la que viven muchas mujeres u hombres maltratados por sus parejas, o cuando por causas externas la convivencia se hace difícil por estar todos o algunos de los miembros de la unidad familiar en situación de desempleo o en el umbral de la pobreza; eso por no hacer referencia a quienes tienen que huir de sus hogares por catástrofes naturales o porque los Estados del que son nacionales están sumidos en conflictos bélicos. Sin embargo, las situaciones que se viven en los realities, al margen de ser un circo expresamente montado para crispar a sus concursantes, son un enjambre de grillos sin la más mínima educación, salvo raras excepciones, que viven a golpe de talón por vender sus intimidades más íntimas o por participar como colaboradores en programas que han venido a sustituir a los mentideros de los pueblos y aldeas donde las viejecitas del lugar ponían verde a la vecina ausente con cotilleos y, a veces, calumnias intencionadas, para terminar con la honorabilidad de alguien, la mayoría de las veces por envidias, celopatías o rencillas mal resueltas prolongadas a lo largo del tiempo.

En definitiva, el éxito de tales programas, cuya mejor representación la han ostentado los programas de Tele 5, “Sálvame”, y en el caso de los realities, “Gran Hermano” y la “Isla de los famosos”, «La Isla de las tentaciones», «Supervivientes»…, etc, no es otra que suplir la falta de motivación de sus seguidores en ocupar su tiempo de ocio en otros menesteres más productivos para el intelecto, como puede ser leer un libro, o más cómodo aún, ver una buena película, o simplemente mantener una conversación o participar en una tertulia sobre un tema interesante, que no consista solo en “despellejar” al personajillo de moda; siendo lo inaudito cuando quienes lo hacen se atribuyen el título de periodista, desprestigiando esta honorable profesión de comunicar a la sociedad los hechos acaecidos que por su relevancia social, política o de cualquier otra  índole sean de interés para el público en general, más que el hecho de haber estado casado con un torero, tenista, presentador de televisión, o cualquier otro personaje público, donde el cultivo de cuernos suele ser el principal detonante para alcanzar cierta popularidad; haciendo más atractivo al personaje cuanto más vulgar y menos vergüenza tiene para exhibir su vida al público sin ningún tipo de tapujos, salvo la prudencia de dejar siempre algo en la trastienda para la exclusiva de turno que le reportará importantes beneficios.

Es cierto que estos programas se producen o ven en casi todos los piases del mundo donde los tentáculos de la televisión han conseguido absorber la inteligencia de las personas supliéndola por una simple complacencia con todo lo que sale por la pantalla del televisor, sea bueno o malo; porque en definitiva, de lo que se trata, es de que la gente no piense mucho, porque, tal vez pensando las cosas serían diferentes, y eso no facilitaría la labor de los que quieren que seamos unos tontos autómatas dispuestos al consumo de cualquier producto sin importar su calidad y beneficio para nuestra salud física o mental.
La paradoja, no obstante, está en el hecho de que aun siendo algunos de tales programas los peores valorados en cuanto a su calidad percibida, sin embargo son los que más índices de audiencia alcanza. Esto demuestra la insensatez de los telespectadores, o peor aún, su falta de coherencia por ver lo que peor calidad tiene para ellos. Simplemente son datos estadísticos que no engañan, y sin ninguna otra animadversión que la producida por la ordinariez de tanto programa basura y de los que en ellos participan, quienes, a veces, se jactan de ellos, como se puede comprobar.

«El hecho de haber estado casado con un torero, tenista, presentador de televisión, o cualquier otro personaje público, donde el cultivo de cuernos suele ser el principal detonante para alcanzar cierta popularidad; haciendo más atractivo al personaje cuanto más vulgar y menos vergüenza tiene para exhibir su vida al público sin ningún tipo de tapujos»

Por Feliciano Morales.

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