La descomposición de la Nación. (I). Introducción.

He elegido este artículo para iniciar un estudio de la descomposición de la Nación española, culmen de la descomposición del Imperio español y su civilización, como la hipótesis más probable que suceda y cuya explicación para EstadosUnidos nos la brinda Jim Belson Black, de la pluma de Kerby Anderson, Director de Probe, ministerio estadounidense sin animo de lucro relacionado con la Iglesia cristiana:

«Uno de los programas radiales de Probe más populares ha sido «Decline of nation (Declinación de una nación)». Me gustaría volver a este importante tema resumiendo el importante trabajo de Jim Nelson Black en su libro, When Nations Die (Cuando mueren las naciones). Al observar tres mil años de historia, vemos que las civilizaciones crecen, pero finalmente caen y mueren. La historia del mundo es la historia de naciones que son conquistadas por otras naciones o se hunden en la anarquía.

Jim Nelson Black ve paralelos ominosos con nuestro propio país. Él dice:

«Al mirar atrás, a través de las ruinas y los hitos de la antigüedad, me ha sacudido los paralelos entre esas sociedades y la nuestra. Para la mayoría de nosotros, la destrucción de Cartago, el crecimiento de las ciudades-estado griegas y la caída de Roma son meros fantasmas del pasado, lecciones de historia ya olvidadas. Y cosas como la captura de Constantinopla, la disolución del Santo Imperio Romano, el colapso de los reinos de Francia y España y la lenta declinación desintegradora del Imperio Británico son mucho menos claras y memorables. La mayoría de nosotros no recuerda mucho de nuestras lecciones de historia sobre el Iluminismo Francés o, para el caso, las cuestiones que dieron origen a la Revolución Estadounidense. Pero este es el trasfondo legítimo de nuestro propio lugar en la historia, y es vital que reconsideremos la naturaleza de la vida en esos tiempos anteriores. Porque dentro de esas eras y movimientos se encuentran las semillas de los problemas que enfrentamos hoy. 

Hay muchas razones para la declinación y caída de una nación, pero una razón importante (a menudo pasada por alto) es su abandono de la religión. Russell Kirk ha dicho que la raíz de la palabra «cultura» viene de «culto». En otras palabras, la cultura está basada en alguna forma de cosmovisión religiosa o espiritual. Egipto era una sociedad religiosa fundada en la adoración de dioses y diosas de la naturaleza. Grecia y Roma tenían su panteón de deidades paganas. Y la lista de todas las naciones de India, China y otras partes del globo demuestra el principio de que una civilización surge de la religión.

Y lo contrario también se cumple. Cuando las creencias tradicionales de una nación se erosionan, la nación muere. La religión provee un conjunto de normas que gobiernan una nación. El historiador Will Durant dijo: «No hay ningún ejemplo significativo en la historia, antes de nuestro tiempo, de que una sociedad haya mantenido exitosamente una vida moral sin la ayuda de la religión». 

Lamentablemente, esta nación se ha embarcado en un viaje en busca de mantener una sociedad sin un código religioso. Los Diez Mandamientos han sido quitados de las paredes, y los valores religiosos han sido eliminados de los lugares públicos.

Los principios cristianos ya no se enseñan en las escuelas públicas, y suelen ser ridiculizados en los círculos de la educación y los medios. Uno tiene que preguntarse cuál será el destino de este país en el futuro.

Decadencia social

En su libro When Nations Die, Jim Nelson Black indica tres aspectos de la decadencia: decadencia social, decadencia cultural y decadencia moral. Hay tres tendencias importantes que demuestran la decadencia social. Son la «crisis de la falta de ley», la «pérdida de disciplina económica» y una «creciente burocracia».

La historia brinda abundantes ilustraciones de las consecuencias desastrosas del colapso de la ley y el orden. «En la antigua Grecia, los primeros síntomas de desorden fueron una pérdida general del respeto por la tradición y la degradación de los jóvenes. Entre los primeros síntomas estuvieron la declinación del arte y el entretenimiento. Los filósofos y expertos distorsionaron el medio de comunicación. La retórica se volvió combativa e intolerante; los intelectuales comenzaron a ridiculizar y a atacar todas las instituciones tradicionales de la sociedad helénica». 

Nuevos pensadores de la sociedad propiciaban un «cambio fundamental» y pedían que se le diera a la juventud una «voz en la sociedad». Sin pautas tradicionales, los jóvenes se volvieron desenfrenados e indisciplinados, destruyendo el viejo orden. Lentamente, Grecia degeneró hacia una nación desacreditada y anárquica. Los romanos conquistaron Grecia en 146 a.C. Al colocar todo bajo la autoridad militar, lograron restablecer el orden y restituir el gobierno de la ley.

En un estudio de la Revolución Francesa, José Ortega y Gasset notó que «el orden no es una presión impuesta a la sociedad desde afuera, sino un equilibrio establecido desde adentro». El Imperio Romano (así como todas las demás grandes civilizaciones) entendieron que la disciplina y las costumbres eran esenciales para la estabilidad.

Puede encontrarse una historia similar en el antiguo Egipto del cuarto siglo a. C. La anarquía y la violencia paralizaban la economía, y la nación era un caos. Cuando Alejandro el Grande invadió el país en 333 a.C., su primera tarea fue restablecer el orden e instituir la ley marcial (que hizo de forma brutal). Con la muerte de Alejandro, Egipto volvió a sus viejas formas hasta que el Imperio Romano trajo paz a la región mediante la conquista y la ley marcial.

Cartago fue llamada alguna vez «el eterno rival de Roma», pero su preeminencia e impacto menguaron al «hundirse en el desenfreno y la disipación, como resultado de la gran riqueza y lujo». La ley y el orden fueron destruidos desde adentro. Además, los jóvenes ricos de Cartago ya no querían servir en el ejército, así que contrataban a mercenarios para luchar por ellos. Pero cuando el ejército entró en un feroz conflicto con Roma y otros adversarios, los mercenarios huyeron y dejaron a la nación indefensa. Cartago cayó ante Roma en 146 a.C., y el primer acto de las legiones romanas fue restablecer la ley y el orden.

En estos y muchos otros ejemplos, la descomposición social llevó a la declinación y la caída de una gran civilización. Si hemos de impedir una repetición de la historia, entonces debemos aprender de estas lecciones de la historia.

Descomposición cultural

Hay cuatro tendencias importantes que demuestran la descomposición cultural. Son la «declinación de la educación», el «debilitamiento de los fundamentos culturales», la «pérdida del respeto por la tradición» y el «aumento del materialismo».

En su estudio, The Civilization of Rome (La civilización de Roma), Donald Dudley dice que ninguna causa única, por sí sola, habría puesto de rodillas al imperio. En cambio, la caída llegó a través de «una serie de debilidades en la sociedad romana; sus efectos pueden ser evaluados de diferentes maneras, pero en combinación tienen que haber sido en gran medida responsables del colapso».

La descomposición cultural de una nación lleva inexorablemente a la declinación social y cultural. Y los patrones son similares de una civilización a otra. Samuel Eisenstadt se preguntó si las similitudes eran aparentes o si eran históricas y legítimas. Luego de estudiar la obra de media docena de historiadores, llegó a la conclusión de que las similitudes eran reales. Concluyó que, «a pesar de la gran diferencia de trasfondo cultural, la mayoría de estos imperios han mostrado características similares, y que estas característica brindan la clave para entender los procesos de su declinación».

El poeta romano Livio escribió que la avaricia y la permisividad llevó a los romanos a excesos peligrosos. Dijo: «Pues es cierto que, cuando los hombres tenían menos posesiones, también eran modestos en sus deseos. Últimamente, las riquezas han traído avaricia y abundantes placeres, y el deseo de llevar el lujo y la lujuria al punto de la ruina y la perdición universal». 

Al describir la decadencia de la República Romana, el historiador Polibio escribió que esta preocupación por el lujo llevó a gratificaciones carnales. «Pues algunos jóvenes tenían relaciones con muchachos, y otros con cortesanas». Pagaban un talento (aproximadamente mil dólares) por un muchacho comprado para el placer sexual, y trescientas dracmas por un frasco de caviar. «Marco Cato estaba indignado por esto y, en un discurso al pueblo, se quejó de que uno podía estar bien convencido de la declinación de la república cuando los muchachos apuestos costaban más que los campos y los frascos de caviar, más que un labrador». 

Al mirar nuestra sociedad hoy, también nosotros nos encontramos en un mundo donde los valores han sido invertidos y donde los ciudadanos persiguen placeres hedonistas sin tener en cuenta el costo. Nuestra nación haría bien en aprender las lecciones del pasado.

Descomposición moral

Hay tres importantes tendencias que demuestran la descomposición moral. Son el «crecimiento de la inmoralidad», la «descomposición de la creencia religiosa» y la «devaluación de la vida humana».

El clásico estudio de la civilización romana, The Decline and Fall of the Roman Empire (La declinación y caída del Imperio Romano), escrito por el historiador inglés Edward Gibbon, fue publicado en ese famoso año de 1776. Él «observó que los líderes del imperio se entregaron a los vicios de los extranjeros, la moral colapsó, las leyes se volvieron opresivas y el abuso de poder hizo que la nación fuera vulnerable a las hordas bárbaras». 

La historiadora británica Catherine Edwards demostró que nuestros actuales ejemplos de inmoralidad no son un fenómeno moderno. En su estudio de la «política de inmoralidad» de la antigua Roma, dice que la anticoncepción, el aborto y la exposición eran formas comunes de impedir el nacimiento de niños en Roma. Los esposos se negaban a reconocer a todo hijo que no creyeran que fuera propio. «Hasta ser aceptado por su padre, un bebé romano no existía, hablando legalmente». 

La vida se volvió barata en los últimos días del Imperio Romano. Las regulaciones pesadas y los impuestos hicieron que la fabricación y el comercio fueran poco lucrativos. Las familias se veían trabadas en oficios y vocaciones hereditarios, lo que permitía poca o ninguna elección vocacional. Con el tiempo, los niños fueron vistos como una carga innecesaria, y el aborto y el infanticidio se volvieron habituales. En algunos casos, los hijos fueron vendidos como esclavos.

Las costumbres y la vida social cayeron en el desenfreno. Bajo Justiniano, el entretenimiento se volvió más subido de tono y más estrafalario. Las orgías y banquetes eran comunes. La homosexualidad y el bestialismo se practicaban abiertamente. Bajo Nerón, los cristianos fueron culpados del gran incendio de Roma y fueron perseguidos horriblemente.

Pueden encontrarse patrones similares en otras civilizaciones. En Grecia, la música de los jóvenes se volvió desenfrenada y grosera. El entretenimiento popular era brutal y vulgar. La promiscuidad, el homosexualismo y la borrachera se volvieron parte de la vida cotidiana. Y todos los frenos morales y sociales se perdieron, llevando a una mayor decadencia.

En Cartago, el culto pasó de Baal a la diosa de la tierra Tania. «Se consideraba que los sacrificios a la diosa de la fertilidad aseguraban productividad, larga vida y aun mayores ganancias». Hoy pueden verse monumentos funerales decorados elaboradamente que muestran sacrificios de bebés, junto con miles de pequeños ataúdes de piedra para bebés sacrificados a la diosa pagana.

Los paralelos con nuestra propia nación son llamativos. No, nosotros no sacrificamos bebés a una diosa pagana, pero hemos abortado casi 40 millones de bebés ante el altar de la conveniencia. Y varias prácticas sexuales son aceptadas abiertamente como un estilo de vida alternativo. Con razón muchos creen que nuestro país es una nación en declinación.

¿Somos una nación en declinación?

A lo largo de este artículo hemos estado describiendo los patrones de la declinación en una nación. ¿Se aplican estos patrones a nuestra propia nación? Muchas personas que observan los patrones de la descomposición social, cultural y moral en otros países y civilizaciones han concluido que vamos por la misma senda.

Russell Kirk lo expresó de esta forma:

«Me parece que nuestra cultura se encuentra en un estado avanzado de decadencia; que lo que muchas personas confunden por el triunfo de nuestra civilización en realidad consiste de poderes que están desintegrando nuestra cultura; que la cacareada ‘libertad democrática’ de la sociedad liberal es, en realidad, servidumbre a los apetitos e ilusiones que atacan la creencia religiosa; que destruyen la comunidad a través de la centralización y urbanización excesivas; que borran las tradiciones y costumbres vivificadoras».

Cuando entendemos los factores que llevaron a la declinación de grandes civilizaciones, podemos ver fácilmente que este país puede sucumbir a tentaciones y decadencia similares. Lo que ocurrió en Grecia, Roma, Egipto, Cartago y muchas otras civilizaciones, puede ocurrirnos a nosotros.

El profesor Allan Bloom, en su libro The Closing of the American Mind, dijo: «Este es el momento estadounidense en la historia mundial, aquel por el cual seremos juzgados eternamente. Así como en política la responsabilidad del destino de la libertad en el mundo ha recaído sobre nuestro régimen, el destino de la filosofía en el mundo ha recaído sobre nuestras universidades, y ambos están más relacionados que nunca antes». 

Nosotros, como nación y pueblo, debemos estar a la altura de la ocasión o sufriremos un destino similar al que han sufrido las civilizaciones del pasado. La tarea no es fácil, ya que los patrones de descomposición encontrados en otras naciones afectan a la nuestra también. Las naciones fueron subvertidas por ideologías falsas y extrañas. Nosotros también encontramos ideas hostiles en los círculos públicos de los medios, la política y la educación. La promiscuidad sexual llevó a la caída de estas naciones. También nosotros encontramos patrones similares de promiscuidad sexual y desenfreno.

Al caer en declinación las naciones, la vida se volvió barata. Los bebés eran estrangulados, expuestos a los elementos o vendidos en esclavitud. Otros fueron sacrificados a diosas paganas a fin de asegurar productividad o una larga vida. Hoy la vida se ha vuelto barata. En un extremo del espectro, bebés no nacidos son abortados. En el otro extremo, el suicidio asistido por un médico se está volviendo aceptable para los ancianos.

En su estudio de la historia, Arnold Toynbee describe el patrón predecible de «desafío y respuesta». Nosotros, como nación, nos vemos desafiados de formas fundamentales, y nuestra respuesta nos alejará del precipicio o nos impulsará hacia él. ¿Seguiremos la senda de la renovación y la reforma o seguiremos la senda que lleva a la destrucción?»

La elección es nuestra.

Nosotros, los españoles, parece que la elegimos en las urnas el domingo 23 de julio de 2023 pero esta elección es fruto de dos siglos de decadencia que tuvo su hito contemporáneo en la descomposición final del Imperio en 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas que dió lugar a la aparición de movimientos nacionalistas en Vascongadas, Cataluña y, en menor medida, en Galicia que se pueden explicar por la teoría de los intereses. No es este artículo introductorio el momento de explicar dicha teoría pero la veremos plasmada en toda la serie que vamos a escribir.

Sirva éste, escrito por Kerby Anderson, como comienzo de mi trabajo.

Traducido por Alejandro Field

Compartelo:
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Add to favorites
  • email

Enlace permanente a este artículo: https://www.defensa-nacional.com/blog/?p=15272

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.