Análisis histórico de los nacionalismos periféricos en España. (VI) Puntos de unión de los tres nacionalismos periféricos (c): el carlismo, la Iglesia y el proteccionismo/liberalismo económico. El proteccionismo.

La industrialización, proceso de tecnificación y mecanización por el cual una sociedad agraria pasa a estar sustentada por la industria, surgió en Inglaterra a finales del siglo XVIII. A comienzos del s. XIX se extendió por Centroeuropa, pero no fue hasta la segunda mitad del mismo siglo cuando se instauró en España.

La industria española se basó en dos sectores: el textil catalan y el siderúrgico vizcaíno. La siderurgia, tras un primer intento en Marbella (donde fracasó) y un segundo en Asturias (donde no tuvo gran éxito por falta de financiación) se asentó finalmente en Vizcaya, donde habí­a abundante mineral de hierro, de gran calidad, de fácil extracción y próximo al mar. Este hecho, basado inicialmente en los Altos Hornos (1902) y, posteriormente, en la instalación del «Convertidor Bessemer», supuso, además, el tendido de todo un complejo de medios de transporte: ferrocarriles, cadenas de baldes, tranví­as aéreos, planos inclinados, cargaderos, etc…. junto con el primer tendido eléctrico de Vizcaya en la zona de los embarcaderos de Lutxana.

Pero la enorme competencia de la industria europea, que ya llevaba más de medio siglo funcionando, hací­a que el desarrollo de la siderurgia en Vizcaya y el del resto de los sectores industriales en España fuera muy dificultoso. Además de luchar por el asentamiento y el desarrollo de la industria, la siderurgia vizcaína tení­a que enfrentarse a la llegada de productos más baratos que los nacionales del exterior.

Por esta razón, el proteccionismo fue muy demandado por burgueses y oligarcas, dueños de fábricas, durante toda la Restauración (1874-1923). El sistema canovista, a pesar de la prohibición de los aranceles de la ley de libertad económica del Bienio Progresista (1855), impuso un régimen arancelario a los productos extranjeros (1891) con el fin de favorecer la producción nacional. La siderurgia vizcaína se vio muy beneficiada por este principio económico gracias al cual pudo hacer frente a la competencia extranjera, convirtiéndose en la principal zona productora de hierro de paí­s, lo que derivó en el desarrollo de otros sectores industriales como el naval, quí­mico y metalúrgico.

A pesar de los proyectos de tratados de comercio con el extranjero la ley arancelaria de 1891 se mantuvo y se aseguró en 1896 con nuevas medidas proteccionistas.

Vamos a tratar tan sólo el registro de algunos hechos, en opinión de Pabón, que permitan percibir, cómo la polémica entre librecambistas y proteccionistas contribuye a la formación de una conciencia política catalana que se ve impulsada culturalmente por sus intelectuales y por la Iglesia, a diferencia de vascongadas donde no acompañó una revolución cultural al surgimiento de los regionalismos y, posteriormente a los nacionalismos, a la espera de tratar en el siguiente artículo la tercera guerra carlista con la unión de los dos frentes.

                El librecambismo penetra en España, acentuando su carácter innovador como doctrina liberalmente optimista. Se enseña en las cátedras, se difunde en los libros y los hombres públicos la defienden a capa y espada; pero una sola entidad, cuya existencia se remonta al siglo XVIII, se opone al avance general del librecambismo: la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de Algodón del Principado de Cataluña. Su proteccionismo ha sido, según este mismo autor circunstancial o transitorio. Su labor teórica, modesta: una Memoria sobre la necesidad prohibitiva en España, impresa en Barcelona en 1834. Su tarea práctica, reducida: lucha contra el contrabando y con la concesión de privilegios y permisos especiales.[i]

                En los primeros momentos del encuentro, se enfrentan una teoría económica, aceptada y defendida con entusiasmo, y la representación de unos intereses reales, concretos y limitados. A lo largo de la polémica, esos caracteres iniciales, serán destacados en la mutua acusación. Canovas, proteccionista, no hablará del maestro y de la escuela, sino de “el profeta Smith y la Iglesia de Manchester”. Don Gabriel Rodríguez, librecambista dirá: “El simpático nombre de protección al trabajo nacional, no es en el fondo otra cosa que un despojo legalmente organizado del mayor número de ciudadanos en provecho de un pequeño número de privilegiados protegidos”.[ii]

                En este primer tiempo, un hecho curioso permite considerar lo erróneo de una interpretación tan sencilla, y los posibles enlaces de la resistencia económica iniciada. La Comisión de Fábricas requirió el asesoramiento de un catalán que residía en Madrid: Buenaventura Carlos Aribau.[iii]

                Un segundo tiempo, continuando con Pabón, comprende los años que van desde el fin de la primera Guerra Civil a la Revolución de 1868. Durante ellos, la polémica entre Madrid y Barcelona, entre librecambistas y proteccionistas, alumbra sus mejores razones y se agudiza en torno a los proyectos y leyes arancelarias.

                Tres reformas centran los esfuerzos de ambos bandos: la primera, llevada a cabo en julio de 1841, bajo el progresismo de la Regencia de Espartero, constituyó, no obstante, una transacción, gracias a la fuerza que el proteccionismo logró en la alianza de algodoneros catalanes, trigueros de Castilla y metalúrgicos Vizcaínos; la segunda reforma fue planeada por Alejandro Mon, Ministro de Hacienda.[iv] Se discutió en ambas Cámaras, donde actuaron dos pequeños grupos parlamentarios proteccionistas además de Narváez, Jefe de Gobierno, a favor de una información detenida antes de que fuese ejecutada la reforma. La nueva Ley, aprobada en julio de 1849, más compleja y favorable a los proteccionistas, no lo fue tanto en la práctica, por las alteraciones parciales, introducidas frecuentemente y desde primera hora; La tercera reforma fue proyectada por Pedro Salaverria, ministro de Hacienda en el Gobierno de la Unión Liberal, presidido por O´Donell. Reforma parcial, establecida por Decreto en noviembre de 1862, y transformada en reforma completa mediante un proyecto presentado en las Cortes poco más tarde. Este proyecto no prosperó, pero sí la alteración parcial decretada, de sentido liberal, y ambas facciones renovaron la pugna anterior, vieja y creciente.

                Junto a la batalla concreta de los aranceles, ambos bandos perfeccionaron su doctrina y reorganizaron sus fuerzas en una ininterrumpida actividad.

                Con la visita de Cobden[v], los partidarios del librecambismo redoblaron su actividad. Constituyeron en Madrid la Asociación para la reforma de los aranceles, en la que ocupaban lugar destacado algunos catalanes residentes en la capital: Pastor, Figuerola[vi], Sanromá, los hermanos Bona…,etc.[vii]

                Del lado catalán y proteccionista, transformada ya la vieja Comisión en Junta de Fábricas, se creó el Instituto Industrial de Cataluña, 1848, cuyo objeto era “el progreso y fomento de la industria española” y cuyo órgano periodístico fue “El Bien Público”. En el bando proteccionista la campaña estuvo dirigida por Güell y Ferrer.[viii]

                El problema que se discute es gravísimo, y la polémica no puede mantenerse puramente en el terreno teórico. El apasionamiento dio lugar a frecuentes desviaciones. Güell y Ferrer, patriarcal y ponderado, negaba al librecambismo, el patriotismo o la sinceridad. Los librecambistas denunciarían al proteccionismo como un irracional egoísmo catalán.

                Un tercer tiempo se inicia con “la Gloriosa”. Dura de 1869 a 1875, es decir, durante el periodo de la Restauración.

                La Revolución de septiembre eleva al Gobierno de España a los teorizantes del librecambismo. En el Gobierno Provisional es ministro de Hacienda Laureano Figueruela, cuya cátedra de la Universidad Central fue, durante muchos años, un poderoso baluarte en la contienda doctrinal. Por decreto suprimió el derecho diferencial de bandera, y, con él, toda protección especial a la Marina Mercante.[ix]

                Del lado catalán, un amplio debate en el Ateneo de Barcelona alumbró la figura que había de encabezar la lucha por el proteccionismo: Bosch y Labrús.[x] Con éste, el proteccionismo pasó a convertirse en un movimiento popular. El 21 de marzo de 1869, días después de constituirse legalmente el Fomento de Producción Nacional, recorrió las calles de Barcelona una gran manifestación de protesta contra el librecambismo; participaron en ella los obreros industriales, y entre los oradores figuró Valentín Almirall, el primer teorizante del catalanismo político.

                La victoria del librecambismo tuvo lugar en el Arancel de 12 de Julio de 1869, siendo ministro Figuerola, y presidente de la Comisión, Moret,[xi] su mejor discípulo. De todo el Arancel, lo más grave era la famosa base quinta. Conforme a ella, los derechos protectores que figuraban con carácter extraordinario subsistirían solo temporalmente, y en sucesivas reducciones comenzarían a desaparecer al cabo de seis años, en julio de 1875.

                Moret y Echegaray[xii] sostenían, desde el Gobierno, la tesis librecambista. En la polémica se producía, una y otra vez, la desviación política y “alguien”, según Pugés, se encargaba de propalar que Cataluña tenía el propósito de declararse independiente, dándose así pretexto a que se hablara con indignación de castigar el separatismo y hasta el federalismo catalán con la inmediata implantación de las más radicales teorías librecambistas.

                Con la Restauración, Alfonso XII desembarca en Barcelona y responde al saludo de Bosch y Labrús: “Sabía cuánto vale la producción catalana y tendré a gran gloria que, durante mi reinado, las demás provincias imiten a Barcelona…”.

                En líneas generales, los conservadores son proteccionistas y los liberales librecambistas. El problema económico se incluye, lógicamente, en el debate político y general del Régimen. Salaverria, ministro de Hacienda con Cánovas, suspende la aplicación de la base quinta del Arancel Figuerola, en 1875. Camacho, ministro de Hacienda con Sagasta, anuncia en 1881 su propósito de implantar la rebaja gradual prescrita y derogada. En la pugna, crece la figura política y parlamentaría de Bosch y Labrús.

                La actitud de Cánovas es fundamental y permanente, pese a su Gobierno de 1884, al cual se plantea el modus vivendi con la Gran Bretaña, más allá de su voluntad. Cánovas sigue siendo proteccionista.En diciembre de 1887 la enmienda parlamentaria que firmaron con él Silvela[xiii], Toreno, Villaverde[xiv], Cos Gayón y Rodríguez Sanpedro, pedía la derogación de la base quinta y la denuncia de los tratados de comercio en vigor. Públicamente, Cánovas hace suya la frase de Cousin: “Por mi parte no dejaré de ser nunca proteccionista, porque soy patriota”. De tal manera que, en 1890, con Cánovas en el poder, se deroga la base quinta por decreto, con carácter definitivo y, tras la denuncia de los tratados de comercio, el proyecto Arancel, redactado por la Comisión[xv], presentado al Gobierno y modificado parcialmente, quedó convertido en Ley el 31 de diciembre de 1891.

                A partir de esta fecha, la lucha tiene lugar en torno al Arancel de 1891. Sin derogarlo, los Gobiernos liberales procedieron a desvirtuarlo mediante nuevos proyectos de convenios internacionales, obra de Moret, ministro de Estado.

                Tras la asamblea de Bilbao, se agrupan, de nuevo, las fuerzas proteccionistas, uniéndose en Madrid los industriales y los agricultores de las Vascongadas, Navarra, Asturias y Cataluña, constituyendo la Liga Nacional de Productores.

                Un R.D. de 31 de diciembre de 1893 extendió a los productos del suelo y de la industria de Alemania, Austria-Hungría, Francia, Gran Bretaña e Italia los derechos reducidos y las ventajas arancelarias, resultantes de los convenios concertados con otros Países europeos, contraviniendo el Arancel vigente de 1891.

                Al reanudarse las sesiones de las Cortes, el Gobierno de Sagasta intentó legalizar lo dispuesto y obtuvo lo que se denominó bill de indemnidad, debido a su carácter político. En cambio, la aprobación de los tratados que anulaban el Arancel de 1891, chocó en el Senado con una gran resistencia y la división de la mayoría liberal.

                El pleito proteccionista, planteado por Cataluña y convertido en problema general, quedó oculto por un caso político iniciado en Barcelona y convertido en tragedia nacional. El 25 de noviembre de 1905, un grupo de oficiales de la guarnición de Barcelona asalta las redacciones del Cu-cut y de La Veu. Cayó Montero Rios, y se formó otro Gobierno liberal presidido por Moret. En principio, una catástrofe para el proteccionismo, hasta que, lograda la autorización en las Cortes, se publica el nuevo Arancel el 23 de marzo de 1906: La “Ley constitucional económica”. Ley que constituyó el triunfo del proteccionismo.

En la dilatada disputa económica, Cataluña lleva la voz cantante. Es protagonista o antagonista, personaje destacado. En la polémica, el otro bando lo constituye, necesariamente, el Poder Central. Para que nada falte a la conciencia catalana del adversario, se le enfrenta, a veces, desde el Gobierno, el mismo conservadurismo proteccionista.

Conclusiones

A pesar del fuerte desarrollo industrial de finales del siglo XIX, la industria española, fundamentalmente concentrada en Cataluña y País vasco, aun no estaba capacitada para hacer frente a la competencia de productos extranjeros más baratos.

Las fábricas vizcaínas dependí­an exclusivamente de la Ley Arancelaria y del proteccionismo para poder prosperar. Si los aranceles desapareciesen todo progreso logrado hasta la fecha y los proyectos (siempre desde la perspectiva empresarial del momento) desaparecerí­an.

Debido a la vital importancia del proteccionismo, los burgueses y oligarcas, dueños de la siderurgia vasca y de la industria textil catalana lo demandarí­an constantemente durante la Restauración oponiéndose por completo a su supresión como fue el caso de Federico Echevarría en el mitin de 1893 contra los Tratados de Comercio. De hecho, el tratado no se firmó y la industria siguió disfrutando de la polí­tica proteccionista.

A la disputa entre los liberales y los conservadores por implantar los aranceles o el librecambismo, acompaña un resurgir de la conciencia cultural regionalista en Cataluña que no se da en Vascongadas donde el nacionalismo surge espontáneamente de la mano de Sabino Arana tras la cderrota del carlismo y la pérdida de las últimas provincias de ultramar.


[i] Pugés, M., “Cómo triunfó el proteccionismo en España”, Barcelona, 1931, pp, 53-60.

[ii] Canovas del Castillo, “Problemas Contemporáneos, Madrid, 1889, tomo III, pp,s 441,446.

[iii] Financiero experto, dirigía la Casa de Banca del Marqués de Remisa, y sus ideas económicas, expuestas en diversos periódicos, coincidían con las de los industriales catalanes. Su “Oda a la Patria”, inicia, para la mayoría de los historiadores, el renacimiento de la literatura catalana.

[iv] Político español (Oviedo, 1801-1882). Protegido por su pariente, el conde de Toreno, pasó a la política liberal desde comienzos del reinado de Isabel II y se especializó en cuestiones financieras. Fue diputado desde 1837 y ministro de Hacienda en varios gobiernos del partido moderado: con Ofalia en 1837-38, con Narváez en 1844-46, con Istúriz en 1846-47, de nuevo con Narváez en 1848-49 y con Armero en 1857-58.

Por entonces, Mon se alió políticamente con su cuñado, el conservador Pedro José Pidal; juntos formaron el sector del moderantismo que apoyó la redacción de una nueva Constitución en 1845, más conservadora que la de 1837. Como ministro de Hacienda, también se encargó de paralizar la venta de bienes nacionales procedentes de la desamortización eclesiástica iniciada por Mendizábal.

Pero su principal realización fue la reforma tributaria de 1845, que racionalizó la Hacienda Pública refundiendo los múltiples impuestos del Antiguo Régimen en unas cuantas figuras adecuadas a los principios liberales, inspirándose en el modelo francés (si bien en una versión conservadora, atenta a no perjudicar los intereses de los grandes terratenientes); aquella reforma definió el sistema tributario español hasta 1978.

[v] Político inglés (Midhurst, Sussex, 1804 – Londres, 1865). Este empresario textil establecido en Manchester en la época álgida del triunfo de la «revolución industrial» inglesa, tuvo una formación autodidacta a base de viajar y leer libros de política y economía. Se inició en las luchas políticas locales, interviniendo en la política municipal de Manchester en los años treinta.

Desde 1838 se lanzó a una campaña más ambiciosa a escala nacional, fundando con Bright la Liga contra las Leyes de Granos, para pedir la derogación de dicha legislación proteccionista que favorecía a la aristocracia terrateniente y perjudicaba a los industriales y a la economía británica en su conjunto (como se habían ocupado de señalar, desde su aprobación en 1815, David Ricardo y los «clásicos» de la economía política).

Cobden, portavoz de la «escuela de Manchester», desplegó una actividad incesante como propagandista del librecambismo; desde 1841 fue diputado en la Cámara de los Comunes, lo que le llevó a abandonar la gestión de sus empresas, que entraron en declive. En 1846 consiguió la derogación de las Leyes de Granos por Peel; y en 1860 logró un nuevo éxito al negociar con Francia los términos del «Tratado Cobden-Chevalier», que abrió una era de predominio del librecambio en las relaciones comerciales de toda Europa.

En su viaje de propaganda por varias naciones, en 1847, visitó Cádiz, donde su estancia dio lugar a la formación de una sociedad cuyo órgano de prensa fue “El propagador del Librecambio. Blanch, A., “Prólogo a los Escritos Económicos, de Güell y Ferrer”, Barcelona, 1880, p. XV.

[vi] (Calaf, 1816-Madrid, 1903) Economista y político español. Fundador de la Sociedad Libre de Economía Política, defendió activamente el librecambismo y la necesidad de transformar las estructuras políticas del régimen. Siendo ministro de Hacienda, realizó la reforma monetaria (1868) que estableció como base la peseta. La abolición del arancel (1869) provocó grandes tensiones, particularmente entre el régimen y los intereses de los industriales catalanes.

[vii] En la sesión inaugural, dijo Pastor: “No temáis ya a las hordas feroces de la selva: de las ciudades brotan los bárbaros de la civilización, que intentan imponer al mundo entero el feudalismo industrial.”

[viii] (Torredembarra, 1800-Barcelona, 1872) Economista e industrial español. Comerciante enriquecido en Cuba, creó en Barcelona la industria textil El Vapor (1840) y fue accionista del canal de Urgel y la Maquinista Terrestre y Marítima. Fundó el Instituto Industrial de Cataluña (1849) y el Fomento de la Producción Nacional (1869). Fue diputado por la Unión Liberal (1857-1858).

[ix] Pi y Margall, opinó que el resultado sería que las mismas mercancías vendrían ahora bajo otro pabellón. Moret le contestó con estas palabras: “No sé bajo que pabellón vendrán esas mercancías; lo cierto es que vendrán un veinte por ciento más baratas… con lo cual se formarán buques en los puertos españoles, que luego surcarán los mares con la grandiosa enseña de la libertad, en vez de gallardete de una protección ignominiosa”. 

[x] (Besalú, 1827-Barcelona, 1894) Economista y hombre de negocios español. Presidió (1870) el Fomento de la Producción Nacional (FPN), organismo proteccionista fundado por los industriales catalanes. Tras la Restauración, fue diputado a Cortes en diversas ocasiones.

[xi] (Cádiz, 1838-Madrid, 1913) Político español. Colaboró en la redacción de la Constitución de 1869. Ministro de Ultramar en el gabinete presidido por Prim (1870) y de Hacienda en el primer Gobierno de Amadeo I (1871). Nombrado embajador en Londres, en 1875 regresó a España y fundó el Partido Democrático-monárquico, que en 1882 se fusionó en Izquierda Dinástica, siendo nombrado en 1883 ministro de la Gobernación. Desde 1885 formó parte del Partido Liberal, en el que colaboró con Sagasta como ministro de Estado (1885-1888), Gobernación (1888, 1901 y 1902), Fomento (1892), Estado (1892 y 1894) y Ultramar (1897-1898); en 1897, siendo ministro de Ultramar, decretó la autonomía de Cuba y Puerto Rico, en un vano intento de impedir la emancipación de ambas colonias. Tras la dimisión de Montero Ríos ocupó la presidencia del Gobierno (1905-1906). Durante este mandato hizo aprobar la Ley de Jurisdicciones, que satisfizo a los militares descontentos. De nuevo presidente del Gobierno en 1906 y 1909.

[xii] José Echegaray y Eizaguirre. (Madrid, 1832 – 1916) Ingeniero, escritor y político español. Se graduó con el número uno de su promoción en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, en la que entró como profesor. Sus ideas políticas y económicas liberales le llevaron a participar en la Sociedad Libre de Economía Política en defensa de las ideas librecambistas. Tras la revolución democrática de 1868, en la que no había participado, contribuyó al afianzamiento del nuevo régimen ocupando diversos cargos políticos: fue diputado en las Cortes constituyentes, director general de Obras Públicas (1868-69), ministro de Fomento (1869-70 y 1872) y ministro de Hacienda (1872-73). Participó activamente con Ruiz Zorrilla en la fundación del Partido Radical.

Tras el hundimiento de la monarquía de Amadeo de Saboya (1873) apoyó el efímero régimen de la Primera República, a la que sirvió encargándose por dos veces del Ministerio de Hacienda (en 1873 y 1874). A él se deben medidas como la Ley de Bases de Ferrocarriles (1870) o el monopolio de emisión de billetes del Banco de España (1874).

Siguió fiel a sus ideales republicanos tras el pronunciamiento de Martínez Campos que restauró la Monarquía (1874). No obstante, participó como diputado en las Cortes monárquicas de 1876, a fin de poder defender su gestión de las críticas de los conservadores. Luego participó con Martos y Salmerón en la fundación del Partido Republicano Progresista (1880) y, finalmente, aceptó entrar en la política del régimen de la Restauración, formando parte del ala izquierda del Partido Liberal de Sagasta.

Fue en su época un hombre de inmenso prestigio, presidente del Ateneo de Madrid (1888), director de la Real Academia Española (1896), senador vitalicio (1900) y dos veces presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1894-96 y 1901-16).

[xiii] (1845-1905) Político español, n. y m. en Madrid. Licenciado en derecho administrativo, perteneció al partido de Cánovas. Tras el golpe del general Pavía (3 enero 1874) fue subsecretario de Gobernación y ministro de Gobernación con Martínez Campos (1879). Con Cánovas desempeñó los ministerios de Gracia y Justicia (1884) y Gobernación (1890), período político que estuvo lleno de sus discrepancias con Romero Robledo y que dieron lugar a su dimisión al año siguiente. A raíz de la crisis de 1898, y adherido al regeneracionismo, formó gabinete con Dato, Polavieja, Durán y Bas y Villaverde (1898-1900). Sus reformas fiscales provocaron una fuerte oposición en el país, sobre todo entre las burguesías vasca y catalana, y a ésta vino a unirse la agitación obrera, todo lo cual determinó su dimisión. En 1902-03 formó otro gabinete con Maura, mandato en el cual se creó el Instituto de Reformas Sociales.

[xiv] (Madrid, 1848- id., 1905) Político español. Diputado desde 1872 por el Partido Conservador de Cánovas, fue gobernador civil de Madrid (1884), y ministro de la Gobernación (1885), y de Gracia y Justicia (1890). Enfrentado a Cánovas, se unió a los miembros descontentos del Partido Conservador que lideraba Silvela. Se hizo cargo en dos ocasiones (1899 y 1902) del Ministerio de Hacienda, donde puso en orden las finanzas coloniales y sentó las bases de una nueva reforma tributaria. En 1903 y 1905 fue por breve tiempo presidente del Consejo de Ministros.

[xv] Compuesta de Diputados, Senadores, funcionarios y miembros de la Junta de Aranceles.

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